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Esto de llegar a un país de una lengua diferente a la nuestra nos impone nuevos retos. Tratamos por todas las vías posibles de adaptarnos a las nuevas circunstancias y a veces hasta creamos otras nuevas para sobrevivir. Pero confieso que sentí una inmensa alegría al recibir la noticia que el aprender una segunda lengua no está relacionada con el coeficiente intelectual que tenemos (¡uf, qué alivio!), siendo este un aspecto que ayuda a aligerar las frustraciones naturales del cambio. Somos además muy afortunados porque la música, una de nuestras más grandes pasiones, también puede jugar un importante papel para ayudarnos en nuestro nuevo propósito, teniendo como aliado a uno de los sentidos mejor educados: el oído.

Aquí les dejo unas reflexiones que pueden resultar interesantes:

La musicalidad es una condición innata en el hombre y al hablar de ella, nos referimos a la facultad o capacidad humana natural que tenemos para percibir, procesar e identificar elementos y rasgos pertenecientes a la música como el ritmo, la melodía, las pausas, los tempos y los sonidos. Es una de las respuestas a las conexiones neurofisiológicas que permiten la construcción del sonido en nuestro cerebro y que lo instaura como una imagen acústica que se emite con un propósito y que tiene un significado.

Gracias a la existencia de la musicalidad, se da la posterior invención de la música como expresión cultural del ser humano. Es por esa “musicalidad” que el hombre puede procesar la música en su dimensión cognitiva y afectiva, siempre incrustada en las diferentes sociedades del mundo a través de las prácticas sociales.

De la misma manera ocurre con el lenguaje, que es una condición natural en el hombre y forma parte del proceso genético-cultural humano. Es una capacidad innata que permite reconocer y procesar los elementos del lenguaje y que nos permite estar totalmente equipados para adquirir la lengua.

Ahora bien, estas condiciones naturales de musicalidad y lenguaje explica la invención de dos de las más auténticas prácticas socio-culturales del hombre: la música y la lengua. Ambas manifestaciones han desarrollado de manera independiente un sistema de signos, de códigos y de estructuras lógicas de pensamiento que logran establecer comunicación entre el hombre consigo mismo, con los demás hombres y con su entorno.

Se induce que no todo se queda en esa condición natural con la que nacemos. Como parte de su desarrollo, tanto la lengua como la música tienen una gran dosis de adquisición y de aprendizaje. De una parte, somos herederos inmediatos de patrones y estereotipos que llegan a nosotros de manera subconsciente y paulatina como parte del proceso de integración a un colectivo del cual adquirimos toda la información necesaria, y de otra, también estamos expuestos a los procesos del aprendizaje de esos códigos socioculturales establecidos en la música y en la lengua con énfasis en objetivos predeterminados, monitores, correctores y evaluadores de los conocimientos recibidos y de manera absolutamente consciente.

Magazine Uno. Entrevista a Susanna Zaraysky, autora del libro El idioma es música.

Aunque ambos procesos son igualmente importantes y tienen su rol independiente en el desarrollo cognitivo, sin duda la adquisición juega un papel mucho más relevante que el aprendizaje, pues es la lleva a la fluidez, a la experimentación y a la intervención desprejuiciada de lo creativo.

Partiendo de este vínculo natural se pueden establecer otras conexiones entre la música y el lenguaje que los convierte en cómplices de cualquier actividad intelecto-afectiva y de expresión humana.

  • LA CONEXIÓN HISTÓRICA

En un momento de la evolución del ser humano, cuando aún el lenguaje y la música no se habían desarrollado como discursos independientes, el sonido se erigió como el elemento esencial de comunicación y fue utilizado para alertar, expresar ideas o establecer un orden. A partir de este momento, la musicalidad y el lenguaje comenzaron a desarrollar una misma ruta evolutiva basada en un principio de comunicación y, aunque se han independizado como “lenguajes propios” con diferentes códigos y signos, siempre la interrelación entre ellos es evidente y continua.

  • LA CONEXIÓN NEURO-PSICOLÓGICA

Desde el punto de vista neurológico se ha identificado que el lenguaje y la información musical son procesados en las mismas regiones cerebrales. El hemisferio izquierdo se encarga de la percepción del tiempo y del ritmo, mientras que el hemisferio derecho es el encargado de percibir el tono y el timbre.

Existe una similitud en la forma en que se procesa la información musical y la información lingüística (mecanismos de percepción, abstracción, clasificación y estructuración de la información).

Ambas manifestaciones involucran elementos cognitivos, afectivos y expresivos que abarcan la dimensión más completa e integral del ser humano y su conducta.

  • LA CONEXIÓN A TRAVÉS DE LOS ELEMENTOS DE CONFIGURACIÓN Y SINTAXIS.

Se establece en primera instancia por la utilización de aspectos comunes para su desarrollo: el ritmo, la altura de los sonidos, su timbre o color.

Ambos desarrollan estructuras de fraseo producidos por las curvas de entonación derivadas de las declinaciones melódicas, de las respiraciones y de las pausas propias del idioma.

  • LA CONEXIÓN SEMÁNTICA E INTERPRETACIÓN DEL MUNDO QUE LE RODEA.

El lenguaje y la música comparten además puntos en común que determinan que en ambos se constituyan sistemas de comunicación a través de la información que ofrecen de manera implícita o explícita acerca del contexto psico-socio-cultural de cada uno de los momentos históricos a los que hace referencia y de la relación que se establece entre el emisor y el receptor.

La forma más efectiva de utilizar la música en la enseñanza y práctica de una segunda lengua es a través de las canciones.

Una canción es, ante todo, la convergencia del lenguaje musical con el de la lengua. Trae implícito una comunicación establecida por lo verbal y lo no verbal en una complicidad de expresiones que se acoplan y complementan para dar lugar a una forma artística superior que es recibida en un todo único e indivisible. La canción nos ofrece una información cognitiva precisa y exacta a través del texto que es respaldado y exaltado a través de la afectividad de la música. La combinación de estos medios expresivos provocan deleite y placer en cualquiera de las etapas y de los acontecimientos de vida del hombre, siendo esta la explicación de las múltiples clasificaciones de las canciones (canciones infantiles, de amor, patriótica, etc.)

A nivel neurológico, las canciones activan la actividad cerebral entre los dos hemisferios, ya que al hemisferio izquierdo están reservadas la pronunciación de las palabras, el ritmo, la comprensión y la ejecución musical mientras que al hemisferio derecho se le adjudica la expresión melódica y el timbre, las emociones y la expresión.

Como sabemos, el éxito de una canción depende de su propuesta de marketing y divulgación. Las canciones se pueden ubicar por el gusto de las diferentes generaciones y en muchos casos despiertan el interés a través de otros aspectos que no están tan vinculados con la canción en sí misma:
– La actualidad de su propuesta (video, dibujos animados).
– El intérprete de moda (comercializa con una imagen).
– La reiterada frecuencia de estar expuesta a los medios de difusión.

Desde el punto de vista musical, lo que resulta más atractivo en primera instancia es el ritmo, después la melodía y más tarde el contenido literario. Si las primeras condiciones saltan a la vista, la canción entonces despierta un marcado interés por saber qué es lo que dice su letra, comprender el significado y aprenderla.

Con la canción se involucran elementos cognitivos, afectivos y expresivos que abarcan la dimensión más completa e integral del ser humano y su conducta.

En cuanto lo cognitivo la canción ofrece información lingüística de vocablos, frases idiomáticas, estructuras gramaticales; información acústica sobre pronunciación, melodismo y curvas de entonación del fraseo del idioma; contenido semántico y de interpretación del texto, conocimiento sobre el entorno socio-cultural, de las experiencias personales del compositor, además de la información musical acerca de instrumentos, estructura (estribillo-copla), registros, tratamiento de la voz, entre otros aspectos.

Lo afectivo se encuentra cuando la canción despierta sensibilidad por el idioma, crea un ambiente agradable, relajado, desinhibido y sin tensiones lingüísticas, establece la conexión con la individualidad: empatía de sentimientos, motiva y promueve la creatividad.

Lo expresivo se establece cuando mostramos interés por investigar y buscar más información acerca de ese tipo de canciones ya sea por el cantante o agrupación, por la época, el estilo, el compositor o el país, cuando memorizamos el texto de la canción, e interiorizamos a cabalidad su significado contagia de su expresión y nos involucramos en el aprendizaje de otras canciones.

A grandes rasgos, la canción propone puntos nobles en el proceso del aprendizaje de una segunda lengua, aspectos que son favorecidos por la estructura de su expresión y por la naturaleza en sí de la música ya que propone frases cortas estructuradas en versos que favorece la memorización de vocablos y de frases idiomáticas, potencia la pronunciación, la acentuación de las palabras y la comprensión auditiva, al igual que provoca la fluidez en el proceso del lenguaje, entre otras cosas.

Walt Disney Studios LA, Let it go (Libre soy). Tema de la película Frozen en 25 idiomas.

Así que ya sabemos, en algo tan cercano como las canciones no sólo encontramos la satisfacción de escucharlas sino también un sinnúmero de maravillosas opciones para enriquecer nuestro vocabulario y de acercarnos al mundo en que vivimos.

Bibliografía:
Golemann, Daniel. La inteligencia emocional. Por qué es más importante que el cociente intelectual. Javier Vergara Editor, Argentina, 1996.
http://www.bdigital.unal.edu.co/6241/1/Nidiaastridlondo%C3%B1olopera.2011.pdf
http://repository.javeriana.edu.co/bitstream/10554/5825/1/tesis254.pdf
Fuente: http://worldwidecubanmusic.com/2016/01/08/una-segunda-lengua-a-traves-de-la-musica/

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