¿La música puede hacernos mejores deportistas?

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A la mayoría de gente que hace ejercicio le gusta escuchar música mientras lo hace. Hay quien opina que no es del todo recomendable, sino que hay que “escuchar a nuestro cuerpo” pero lo cierto es que la música está “ligada” al ejercicio físico, motivo por el cual la mayoría de gimnasios tienen un hilo musical de fondo.

Se sabe que escuchar música de ciertos ritmos aumenta nuestro rendimiento, pero lo cierto es que hay pocos estudios neurocientíficos sobre la causa de este aumento. Los desarrolladores de la aplicación de móvil para correr llamada Zombies, Run! (cuya reseña puedes encontrar en EAL) aprovecharon los datos de velocidad de sus corredores y las canciones que escuchaban en ese momento para comprobar si existía una música ideal para salir a correr. Descubrieron que las canciones que suenan a 140 pulsaciones por minuto aumentan la velocidad del corredor, e incluso crearon una lista de reproducción con las canciones que obtuvieron las mejores puntuaciones.

Los científicos creían que el motivo del aumento del rendimiento según la música reside en la distracción. Si estamos concentrados en la música evitamos sentir el estado de cansancio al que se somete a nuestro cuerpo, aumentando nuestros límites de resistencia. Pero esta teoría está siendo replanteada por varios motivos: si únicamente es una distracción: ¿por qué ciertos ritmos funcionan mejor para ciertos deportes? ¿No debería aumentar el rendimiento tanto una canción lenta como una rápida?

El investigador Tom Fritz del Instituto Max Planck ha desarrollado un experimento para saber más sobre la relación entre música y rendimiento. Para ello hizo que varios voluntarios corrieran en una cinta estática conectados a diferentes sensores que median la posición de los músculos, la velocidad del individuo y su nivel de sudor. Los voluntarios podían correr en tres situaciones diferentes: con música de fondo, con música únicamente en el momento de correr o emitiendo ellos la música a la vez que corrían (cantar el estribillo o dar palmadas en ciertos momentos de la canción. Comprobaron que la velocidad aumentaba en el grupo que interaccionaba con la música.

Inicialmente esto daría validez a la teoría inicial de la autodistracción, ya que interaccionar con la canción requiere mayor concentración, sin embargo, hallaron otro factor importante: el grupo que interaccionaba con la música coordinaba con mayor eficacia los músculos de su cuerpo y se movían de manera más precisa.

Quizás la causa real del aumento del rendimiento no sea únicamente una cuestión de distracción, sino que nos ayude a mantener un ritmo de forma precisa que nos ayude a consumir menos energía en ciertos deportes “rítmicos”, como el atletismo.

Que la interacción con la música aumente el rendimiento ya es conocido desde antiguo. No hay más que pensar en las galeras de esclavos, a en los que se les marcaba el ritmo de las remadas con un tambor. Incluso existen estilos musicales marcados por el ritmo del ejercicio físico. El Blues y el Góspel son estilos musicales cantados por gente esclava durante el “ejercicio físico” al que se veían obligados. Pican piedras y cantan, recogen cosechas y cantan. El estilo musical se ha creado durante el “ejercicio” y el ritmo encaja perfectamente con una jornada de trabajo.

De igual manera, las marchas militares se caracterizan por tener solo dos compases, frente a los típicos cuatro, lo que les ayuda a marcar el ritmo del paso durante los desfiles. Parece que la música puede ser el dopaje más barato que tenemos en nuestro arsenal.

Fuente | Science Daily

La influencia del jazz en la música moderna

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El jazz es el único género musical verdaderamente estadounidense. Los afro-americanos que viven en el Medio Oeste combinaron los diversos ritmos de sus antepasados ​​con los instrumentos musicales de la herencia europea de los estadounidenses blancos. La música resultante (el jazz) se convirtió en un fenómeno cultural que se ha extendido en todo el mundo y ha recorrido la historia para influir en la música moderna que escuchamos en la radio hoy en día.

Improvisación

Al escuchar la música moderna, es posible que observes un juego único instrumentos durante un período prolongado. Estos solos tienen sus raíces en la improvisación del jazz. La improvisación no es más que una melodía espontánea. Los músicos de jazz estructuran sus canciones para darle lugar a estas melodías improvisadas. Cuando escuchas un solo instrumental (ya sea de guitarra o de teclado) de una banda moderna, estás escuchando un concepto de jazz.

Síncopa

Antes que el jazz, la mayoría de los géneros musicales colocaron las notas de la melodía en el ritmo, también llamado compás, establecido por los otros instrumentos. La música jazz comenzó a colocar largos sonidos melódicos entre el ritmo establecido con bastante regularidad. Esta técnica llamada síncopa, le da a la música la sensación de tener hipo. La síncopa se ha convertido en una herramienta estándar para la escritura de la música moderna.

Construcción de acordes

Para proporcionar un sistema de apoyo a la melodía, los compositores de música crearon una combinación de sonidos simultáneos llamados armonías. La armonía preferida para la mayoría de los compositores anteriores al jazz era una serie de tres notas llamada tríada. Los músicos de jazz ampliron ese concepto al añadir sonidos de la tríada. Los músicos llamaron acorde a la armonía resultante. Cada sonido en el acorde recibió un número en base a su distancia desde la parte inferior de sonido llamada raíz. El sonido más común para añadir a una tríada fue el séptimo (el sonido que está a siete pasos de la raíz). La música moderna adoptó el uso tanto de las triadas como de los acordes con el séptimo.

La progresión de los acordes

Los compositores arreglan a las tríadas en patrones llamados progresiones. En los puntos clave de la melodía, las tríadas le dan a la canción una sensación de movimiento hacia delante (“progreso”). Los compositores tradicionalmente escribían las progresiones de tres o cuatro tríadas diferentes. Los músicos de jazz de la “Era Bebop” revolucionaron la música mediante la creación de progresiones que utilizan hasta siete diferentes acordes. Aunque no es tan compleja, la música moderna se inspira en el jazz y utiliza diversas progresiones de cuatro o cinco acordes diferentes.

Instrumentación

La música jazz hizo del saxofón un instrumento popular para las bandas modernas. Fue inventado en 1840 y fue relegado a las bandas militares de conciertos hasta el advenimiento del jazz, donde ganó renombre por su combinación única de sonido y proyección. Los músicos de jazz también fueron los primeros en desarrollar la batería. Antes del jazz, las bandas requerían que una persona tocara los tambores, los platillos y los tom-toms. Una banda de jazz dependía de que una persona tocara todos los instrumentos de percusión necesarios. A las bandas modernas de hoy no se les ocurriría tocar sin un baterista detrás de una batería.

Escrito por Patrick Wilson Traducido por Andrómeda Diamond

Música, emociones y neurociencia

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música y neurociencia

Desde la Escuela de Música Luisa Cáceres de Arismendi queremos compartir con nuestro público unos minutos en los que el conductor del programa Redes de RTVE, Eduardo Punset Casals nos habla de la música y su influencia en las emociones.

¿Qué dice la neurociencia sobre las emociones evocadas por la música? ¿Cómo el cine se aprovecha del poder de la música para dirigir a los espectadores?
Punset entrevista a Stefan Koelsch, prof. de psicología de la música, Freie Universität Berlin y el cantante Manolo García nos explica la unión que experimentan los músicos con su público en los recitales.

Somos criaturas musicales de forma innata
desde lo más profundo de nuestra naturaleza.

Stefan Koelsch

Eduard Punset:

El gran músico Stephan Koelsch, músico y psicólogo y el mejor neurólogo, es el que nos ha puesto de manifiesto que nada influye tanto, tiene un impacto tan trascendental sobre el cerebro, como la música.

Sabes, algunos de tus amigos me dicen que nada tiene más impacto sobre el cerebro que la música en el sentido de que afecta la memoria, incluso afecta el movimiento, las emociones, lo afecta prácticamente todo. Quiero decir, ¿la música es tan importante o crees que no hay para tanto?

Stefan Koelsch:

Creo que es muy importante y que, de hecho, se le podría dar la vuelta a la pregunta y plantearnos si hay alguna parte del cerebro que no se vea influida por la música. Así pues, ¿qué está ocurriendo en el cerebro de los que hacen música?

Mientras producen sonidos, los escuchan y los coordinan con sus propios movimientos y con su propia producción de sonidos, recuerdan lo que han producido antes, así como lo que producirán después. Quizás recuerden la canción, la letra… Se miran, se genera actividad emocional.

En general, cuando la gente compone música en común, se lo pasa bien, disfruta estando con los demás, disfruta comunicándose con los otros y todos esos procesos diferentes hacen que el cerebro humano se comprometa con toda su riqueza y colorido, por decirlo de alguna manera.

Eduard Punset:

Este mundo de la música parece tan dirigido por las emociones… Según parece, has llevado a cabo unos experimentos en Camerún.

Lo que intentaste demostrar en aquel experimento fue que la cultura, una cultura concreta, no afectó las emociones inspiradas por la música, es decir, juntaste un aborigen, un ingeniero muy sofisticado, procedentes de dos hemisferios del mundo totalmente distintos y, sin embargo, reaccionaron igual.

Las emociones y la música

Stefan Koelsch:

Fue un estudio sobre el reconocimiento de las emociones en la música. Uno de mis estudiantes de doctorado viajó al norte de Camerún e hizo una investigación con personas que nunca habían escuchado música occidental antes.

Estas personas fueron capaces de decir: “esta pieza suena bastante alegre, esta otra bastante triste y aquella bastante aterradora”. Suponemos que es porque en la tradición musical occidental la música triste imita la prosodia de una voz triste: tonos bajos que van disminuyendo el timbre, por ejemplo, un tempo que no sea rápido, sólo pequeñas variaciones de tono.

Parece ser que cuando se codifica en forma de música, aunque nunca hayamos escuchado dicha música antes, somos capaces de reconocer qué emoción expresa la pieza en cuestión.

Eduard Punset:

Déjame que te haga otra pregunta. ¿Por qué cuando estoy triste y me siento solo –algo que me ocurre muy raramente, pero a veces puedo sentirme triste y solo– por qué la música me anima si es algo, sabes, movido, “pam pam pam pam”?

Y, en cambio, cuando estoy muy excitado, ¿por qué pasa al revés, la otra música me calma? Quiero decir, ¿cómo puede ser que la música te anime o, por el contrario, te tranquilice? No me parece demasiado lógico.

Stefan Koelsch:

Eso nos muestra que, en primer lugar, la música tiene esa capacidad de ayudarnos a cambiar nuestro estado de ánimo, si lo deseamos. Desde la neurociencia sabemos que la música es muy poderosa a la hora de activar cada una de nuestras estructuras emocionales en el cerebro.

Cuando llevamos a cabo experimentos neurocientíficos, vemos que podemos modular la actividad en prácticamente cualquier estructura cerebral emocional gracias a las emociones que despierta la música.

Esto significa que la música es capaz de evocar el núcleo mismo, el núcleo de las estructuras cerebrales responsables y creadoras de nuestro universo emocional, algo muy importante también para las terapias donde podemos intentar aplicar la música para ayudar a aquellos pacientes que padecen trastornos de sus estructuras cerebrales y que están relacionados con las emociones, que tienen algo que ver con las emociones, no sólo la depresión sino también el trastorno provocado por un estrés post-traumático, en parte también los trastornos por ansiedad, los individuos que han padecido traumas a causa de abusos u otras causas, por lo que tenemos un amplio horizonte a la hora de aplicar de forma más sistemática y generalizada la música como terapia.

Los niños con autismo

Eduard Punset:

He leído algo en alguno de tus artículos sobre los niño con autismo. Parece que escuchan o aprehenden la música igual que los niños que no poseen esta condición. ¿Es posible? Quiero decir, ¿sienten la música del mismo modo? ¿No existe la diferencia que sí que encontramos en el caso del lenguaje o en su capacidad para empatizar con otros o…?

Stefan Koelsch:

De momento es muy difícil contestar a tu pregunta porque no tenemos suficientes estudios neurológicos sobre la relación entre niños con autismo y la música.

Pero lo que sí sabemos es que los niños con autismo sienten un gran interés por la música y son propensos a componer música con otros. En entornos terapéuticos también es cierto que resulta difícil comunicarse con ellos a través del lenguaje, en cambio, es más fácil hacerlo a través de la música.

Eduard Punset:

De la música.

Stefan Koelsch:

De hecho, algunos de nuestros estudios han probado que la música puede comunicar información, no es algo que simplemente crean los terapeutas de la música y que no tenga base científica.

También estamos determinando qué instrumentos musicales pueden fomentar la empatía y el reconocimiento de las emociones; es algo que estamos probando con niños autistas pero también dentro del currículum escolar de los niños en general porque es una forma divertida de experimentar las emociones, de aprender a reconocer las emociones y otras cosas, de encontrar nuevas formas de expresar las emociones, de ampliar el vocabulario referente a las emociones.

El elemento social de la música

Eduard Punset:

Lo realmente fascinante es esa cohesión social que tú señalas en la música, no es tanto una cuestión individual, como cree mucha gente, sino que el impacto es social y une a la gente. Es algo tremendamente social, ¿verdad?

Stefan Koelsch:

Sí, y no sólo es cierto sino que creo que es una de las cosas especiales que tiene la música, uno de los grandes poderes de la música. La música despierta en nosotros todas esas funciones sociales cuando la hacemos juntos.

Como humanos, somos una especie social y no podríamos haber sobrevivido a lo largo de la evolución sin cooperar ni comunicarnos, si no hubiésemos manifestado un comportamiento social con otros individuos.

Mientras hacemos música, volvemos a vivir todas esas experiencias y ponemos en marcha todas esas funciones sociales, es decir, averiguamos qué quiere el otro o qué intenta o qué desea o qué cree, sin que nos lo diga explícitamente.

Hay experiencias emocionales en las que después de hacer música juntos, todos nos sentimos felices mientras antes, en cambio, quizás estábamos enfadados.

Y el resultado de todo ello es esa especie de cohesión social, nos gustamos más que antes, estamos más unidos que antes, confiamos más los unos en los otros, pensamos que el otro nos ayudará cuando nos sintamos solos o tengamos un problema.

Eduard Punset:

¿Podríamos decir que si habláramos menos y escucháramos más música habría más altruismo en la sociedad?

Stefan Koelsch:

Creo que deberíamos hacer ambas cosas, si bien es cierto que existen algunas sociedades donde, si dos personas están enemistadas y acuden a los tribunales –no es un tribunal real porque no tienen la organización social que tenemos nosotros– se espera de ellos que canten, no pueden pelearse.

Bueno, pueden exponer el motivo del enfrentamiento pero tienen que cantar el motivo de la pelea.

Eduard Punset:

Así es, resulta increíble.

Stefan Koelsch:

Porque la gente no puede mentir con la misma facilidad cuando canta y se enfrentan unos a otros de una manera mucho más cooperativa, de un modo que tiene mucho más sentido que cuando simplemente nos gritamos.

¿Nacemos con la música?

Eduard Punset:

Esto me lleva a una pregunta muy importante para la que imagino que aún no tienes una respuesta definitiva. Me gustaría saber si se trata de una capacidad innata o si es algo que adquirimos, quiero decir, la capacidad de entender la música.

Hay un famoso experimento –algunos miembros de tu equipo participaron en él también– que muestra cómo bebés de sólo tres días pueden reaccionar a la música. Así que, realmente, si alguien que tiene sólo tres días puede reaccionar a la música probablemente estamos hablando de algo que es innato, ¿no?

Stefan Koelsch:

Estoy totalmente convencido de ello, sí. Somos de forma innata, desde lo más profundo de nuestra naturaleza, criaturas musicales, muy musicales, todos nosotros. Y hay una buena razón para ello: además de que nos permite desempeñar todas esas funciones sociales mientras hacemos música, también necesitamos esas capacidades para aprender a hablar.

Cuando nacemos, no sabemos qué significa “pechos”, “leche”, “beber” o “sorber”, pero aprendemos a hablar al escuchar los sonidos musicales del lenguaje y así es como los niños aprenden a hablar, escuchan la música del habla y al hacerlo también entienden el lenguaje. No es el único aspecto del lenguaje que…

Eduard Punset:

Que aprenden.

Stefan Koelsch:

Sí, no es el único aspecto del lenguaje que aprenden pero, evidentemente, es algo muy importante. Afortunadamente somos muy musicales porque sino nos costaría mucho aprender a hablar o aprender idiomas.

Eduard Punset:

Es gracioso porque lo que dices es que hay una especie de canción, una especie de forma musical de hablar con los bebés como lo hacen las cuidadoras: “ah, ah, ah, ah, ha, ha, ha”, ya sabes, en realidad no les hablas, más bien les cantas.

Y según parece, dices que esto es lo que entiende el bebé. Se ha demostrado que cuando las madres hacen “tanananananana” al hablar con sus hijos, esto es muy bueno.

Stefan Koelsch:

Bueno, está claro que para que nos entiendan es importante jugar con la entonación. No sólo los adultos se entienden mucho mejor cuando no hablan con una voz monocorde sino que le ponen una cierta entonación y ritmo.

En el caso de los niños, también es muy importante pues hay estudios que demuestran que si los padres no hablan con sus hijos jugando con la entonación los niños son mucho más susceptibles de padecer trastornos del habla y del lenguaje.

Eduard Punset:

Es increíble, ¿verdad? Es fantástico.

Stefan Koelsch:

Sabes, sólo con escucharte –“increíble”, “¿acaso no es fantástico?”, “increíble”, “¿acaso no es fantástico?”–, ya hay un cierto ritmo y, además, tienes una voz muy melódica, tu voz sube y baja, sabes, me muestras subiendo y bajando el tono, yendo más rápido y más despacio, dónde están los límites de las frases, dónde se acaba la frase, cómo te sientes, cuánto deseas que algo ocurra, qué deseas, cuáles son tus intenciones, y cosas semejantes.

Eduard Punset:

¿A quién se le ocurriría entonar una melodía para pedir una pizza en el restaurante? Hasta hace poco, creíamos que la música solo servía para transmitir emociones, pero Koelsch ha demostrado que también puede comunicar información semántica, como las palabras.

Si después de oír la frase “me gusta el café con azúcar” nos dan a elegir dos palabras (“leche” o “cortina”), siempre escogeremos “leche” porque tiene más coherencia semántica con la frase. Esa coherencia desata una reacción en el cerebro que se puede medir y que sucede también al escuchar música.

Por eso, después de escuchar el Terceto de cuerdas de Schönberg, todo el mundo elige la palabra “aguja”. Resulta que Schönberg había dicho que esa música era una descripción de las punzadas que había sentido durante un infarto.

Stefan Koelsch:

A menudo, cuando hablamos de emociones utilizamos palabras para referirnos a algo que sentimos en nuestro cuerpo. Wittgenstein lo denominó “Empfindung” (“sensación”, en castellano).

Ahora bien, cuando utilizo una palabra para referirme a una sensación de mi cuerpo y tú utilizas la misma palabra, ¿cómo puedo estar seguro de que nos estamos refiriendo a lo mismo? Dado que no existe una correspondencia unívoca en el cerebro entre nuestras sensaciones, por un lado, y nuestros centros lingüísticos, por el otro, tiene que producirse una transformación de la información desde las sensaciones al…

Eduard Punset:

Lenguaje

Stefan Koelsch:

Al código lingüístico.

Eduard Punset:

Y nunca se sabe…

Stefan Koelsch:

Y nunca se sabe. Pero, ¿y si utilizamos la música?, ¿y si utilizo la música para evocar algo en ti, sensaciones o “empfindung” que se parezcan a los “empfindung” y sensaciones que tengo en mi cuerpo?

A veces, la música puede hacerlo mejor. Con la música podemos comunicar esa información incluso sin que se vea distorsionada por las palabras.

Eduard Punset:

De hecho, a menudo le digo a la gente o les recuerdo que el lenguaje no es como ellos creen, algo para hacerse entender sino que es un instrumento maravilloso para confundir a los demás. Creo que en el caso de la música no se puede decir lo mismo, es más veraz.

O sea que, realmente, si niños que sufren autismo pueden comunicar con otros mediante la música de una manera que no lo pueden hacer con las palabras, si ellos pueden empatizar, ponerse en el lugar de los demás entonces, yo creo que no hay ninguna duda de que no tienen más que ganar con la música y no es seguro que siempre sea así con las palabras.

Publicado  primero en neurocienciapsicology.blogspot.com por 

La música, una herramienta terapéutica contra trastornos psiquiátricos

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La música se aplica cada vez más en centros psiquiátricos para ayudar a los pacientes a entender su condición emocional y a expresar lo que les preocupa.

Ryan Carroll, un terapeuta músico del Centro Psiquiátrico de Santa Isabel en EE.UU., contó al portal PolicyMic que en su clínica a todos les encanta la canción ‘Happy’ del cantante Pharell, y que la utiliza para debatir con sus pacientes sobre la naturaleza de la felicidad.

Según el especialista que trata a esquizofrénicos, criminales con patologías e individuos con trastornos de personalidad y de ansiedad, cantar sobre cómo es sentirse feliz, ayuda mucho a aquellos que no lo recuerdan.

La música ayuda a los pacientes a sentirse más seguros de sí mismos y menos aislados, les ofrece un sentido de control sobre su mente y su vida. 
Varios estudios muestran que la música puede reducir la frecuencia de alucinaciones auditivas en algunos esquizofrénicos

Aunque las preferencias musicales difieren, en este ámbito también existen patrones, y la música que es frecuentemente compatible con la mayoría de los pacientes es la de los clásicos del soul y rhythm and blues como Smokey Robinson, Otis Redding y Sam Cooke. 

https://www.youtube.com/watch?v=WvIZe7iBJK8

“Son conocidos y la familiaridad aumenta la accesibilidad, facilitando ciertos cambios favorables para alcanzar los objetivos del tratamiento“, explicó Carroll. Esto se refiere incluso a las canciones intensamente negativas. 

El doctor Bumanis, director de comunicaciones para la American Music Therapy Association (Asociación Americana de Musicoterapia), relató que las letras violentas de la canción ‘Cop Killer’ de Ice-T resultaron tener cierto valor terapéutico para ayudar a un paciente a expresarse sobre sus impulsos violentos.  

Bumanis notó que los pacientes solían estar más cómodos hablando de sus sentimientos en el contexto de una audición de música. Asimismo, la música facilita conversaciones entre los pacientes. 

Carroll recordó una ocasión en la que una canción facilitó un diálogo entre un paciente de mayor edad y otro más joven, que encontraron algunos puntos de coincidencia entre sus estilos musicales favoritos: Frank Sinatra y la música electrónica, respectivamente.

Además de escuchar música, tocarla tiene un claro efecto terapéutico. 

Un paciente del doctor Bumanis tenía un comportamiento compulsivo al sentarse al piano: tocaba una misma nota reiteradamente. 

Pero a medida que Bumanis le enseñaba nuevas notas, notó la ansiedad de su paciente disminuir.  

Carroll fue testigo de un fenómeno semejante. Tocando con un grupo de pacientes, un guitarrista dejó su instrumento y empezó a bambolearse intensamente.  

Los demás entendieron que se estaba moviendo al ritmo de la música, por lo que desaceleraron el compás de su actuación. El paciente se tranquilizó a medida que el ritmo fue bajando. 

“Es como una orientación en la realidad. En esos momentos la música se convierte en algo más real que una respuesta interna, un delirio o una alucinación”, asegura Carroll.  

Publicado en: http://actualidad.rt.com/sociedad/view/128245-musica-herramienta-trastornos-psiquiatricos

La importancia de la música en la educación de la infancia

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educacion musical

He asistido a la presentación en Valencia del libro del profesor Joan María Martí “Cómo potenciar la inteligencia de los niños con la música”, en la editorial Ma Non Troppo, colección, RobinBook, presentado por Viciano Valls, profesor de música también. Conocí antes del evento a su autor, una persona docta y de trato amable, Joan María Martí, con quién comparto, además de intereses musicales comunes el haber estudiado ambos la especialidad de educación musical de la carrera de magisterio. Leer más

El efecto liberador de la música en las emociones

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Concierto

La ciencia se debate sobre por qué la música está tan directamente conectada a nuestras emociones.

Nadie sabe por qué la música tiene un efecto tan potente en nuestras emociones, pero gracias a estudios recientes ya contamos con algunas claves.

Nos gusta la música porque nos hace sentir bien. ¿Y esto por qué sucede?

En 2001, los neurocientíficos Anne Blood y Robert Zatorre de la Universidad McGill en Montreal demostraron que las personas que escuchan música placentera activa regiones del cerebro llamadas límbicas y paralímbicas, que están conectadas a respuestas eufóricas, como las que experimentamos con el sexo, la buena comida o las drogas adictivas.

Estas respuestas proceden del impulso generado por el neurotransmisor conocido como dopamina.

¿Supervivencia?

Es fácil entender por qué el sexo y la comida generan esta respuesta de la dopamina que nos hace querer más, contribuyendo a nuestra supervivencia y propagación.

¿Pero por qué sucede también con los sonidos, que nada tienen que ver con nuestra supervivencia?

La verdad nadie la sabe. Sin embargo, ahora tenemos más claves de por qué la música produce intensas emociones.

La teoría favorita actualmente entre los científicos que estudian cómo nuestra mente procesa la música se remonta a 1956, cuando el filósofo y compositor Leonard Meyer sugirió que la emoción en la música tiene que ver con lo que esperamos y con si lo obtenemos o no.

Expectativas

Meyer elaboró unas teorías psicológicas de la emoción que proponían que éstas surgen cuando somos incapaces de satisfacer un deseo.

Esto, como pueden imaginar, genera enfado y frustración, pero cuando encontramos lo que queremos, ya sea amor o un cigarrillo, la recompensa es dulce.

Según Meyer esto es lo que hace la música. Establece patrones de sonido y regularidades que tratan de provocarnos predicciones inconscientes sobre lo que se viene.

Si hemos acertado el cerebro obtiene un premio, que es el flujo de dopamina.

El baile entre expectativas envuelve el cerebro con un manto de emociones placenteras.

¿Pero por qué nos deberían importar estas expectativas? No es que nuestra vida dependa de ello.

Antepasados de África

El musicólogo David Huron, de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, dice que quizás una vez sí que lo fue.

Hacer predicciones sobre nuestro entorno, interpretando lo que vemos y escuchamos en base a informaciones parciales, podría haber sido esencial para nuestra supervivencia, y a menudo todavía lo es, por ejemplo, cuando cruzamos una calle.

Involucrar a las emociones con este sistema de anticipación podría haber sido una buena idea.

Nuestros ancestros de la sabana africana no tenían el lujo de saber si un crujido fue producido por un león o un mono.

Empleando el “cerebro lógico” y tomando un atajo a los circuitos límbicos primitivos que controlan nuestras emociones, el proceso mental del sonido podría causar una reacción de adrenalina, que nos prepara para escapar.

Aspecto cultural

Música

Las expectativas que tenemos con la música dependen de factores culturales.

Esta teoría de la anticipación suena prometedora pero es difícil de probar.

Una razón es que la música simplemente ofrece tantas oportunidades de crear y contradecir expectativas que no está claro cómo se debería medir o comparar.

Así que otra teoría apunta a que la emoción que produce la música tiene un vínculo cultural.

Para tener una expectativa sobre cómo será una música necesitas conocer las reglas, saber lo que es normal, y esto varía de una cultura a otra.

Y la música no sólo genera buenas vibraciones, también puede causar ansiedad, aburrimiento e incluso ira.

Compositores y músicos hacen equilibrios sobre una fina cuerda, tratando de adaptar las expectativas hasta el punto exacto.

Emociones indefinidas

La teoría de Meyer se vio reforzado por el estudio llevado a cabo por Zatorre y sus colegas, que demostró que la respuesta estimulada por la música depende de la comunicación entre “emoción” y “lógica” en el cerebro.

Pero nuestra respuesta a la música debe estar también condicionada por tantos otros factores: si la escuchamos solos o en grupo, o si asociamos una canción a una experiencia determinada.

Otras veces ni siquiera podemos reconocer qué emociones nos genera la música.

Podemos reconocer una canción triste sin sentirnos tristes. Incluso si nos sentimos tristes no es como una tristeza arrebatadora, y la música puede disfrutarse aun provocando lágrimas.

Algunas piezas de Bach pueden generar emociones intensas incluso cuando no podemos determinar qué clase de emociones son.

Así que nunca terminaremos de entender por qué la música estimula nuestras emociones, al menos hasta que no sepamos mejor cómo es nuestro mundo emocional.

Fuente: BBC MUNDO

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La música NO afecta igual a todo el mundo

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A veces me ofendo cuando enseño una canción que me hace llorar cada vez que la escucho y el otro u otra se queda con cara de emoticono inexpresivo. Quizás es porque a mí me emociona más una canción de los Beatles y al ingrato de enfrente, que no sabe valorar lo bueno de mi canción, le llega más una canción heavy metal. Sea por un tipo de música u otro, ambos nos emocionamos, al liberar dopamina en distintas áreas del cerebro, lo que provoca una encantadora sensación de placer.

¿Existen personas que podrían ser impermeables a este placer que proporciona la música? Al parecer, sí, según un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores catalanes de la Universidad de Barcelona y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, junto con expertos canadienses, y publicado recientemente en la revista Current Biology. En el estudio se concluye que hay personas que no sienten nada al escuchar el Nessun Dorma de Puccini y, sin embargo, sí liberan dopamina, la “hormona de la felicidad”, ante la posibilidad de ganar dinero. El trabajo sugiere, por lo tanto, que la relación entre la música y el placer se establece por vías diferenciadas.

Anhedonia musical

Esta característica, que ni mucho menos es una enfermedad, se enmarcaría dentro de lo que se denominaría anhedonia musical (desde hace tiempo se conoce la anhedonia, un trastorno que impide sentir placer). La falta de emoción al escuchar música se debería a la existencia de unas vías nerviosas únicas para la música en el sistema de recompensa (centro del sistema nervioso central que obedece a estímulos específicos y naturales). Con este estudio se ha demostrado, en conclusión, que puede haber vías específicas para sentir el placer de la música, diferentes al de otro tipo de estímulos.

El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Barcelona (UB)  y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), en colaboración con el Instituto Neurológico de Montreal (Canadá), analiza la anhedonia musical en personas que no disfrutan con la música.

Para identificar a estos voluntarios que no se emocionaban con la música aunque la percibieran bien, los científicos diseñaron un cuestionario que se puede responder en esta web. Además, los autores llevaron a cabo una serie de ejercicios para estudiar si su sistema de recompensa se activaba ante otro tipo de estímulos como el de recibir dinero.

El primero de los ejercicios consistía en escuchar trece piezas musicales como el Nessun dormade Puccini, Las cuatro estaciones de Vivaldi o Barcelona (canción de los Juegos Olímpicos de 1992), generalmente sin letra, para no alterar el contenido de la música. Los voluntarios incorporaron tres canciones con las que “disfrutaban” personalmente. Según los autores, algunos de los pacientes con anhedonia musical pedían consejo a amigos o a familiares para escoger las piezas. En el segundo ejercicio, los participantes debían responder rápidamente ante estímulos visuales si querían ganar un dinero o evitaban perderlo.

Los resultados indican que aunque las personas con anhedonia musical no disfrutaban con Vivaldi, su fisiología y sus corazones se aceleraban cuando podían ganar dinero extra.

Música triste para el cerebro

Un año más tarde, los investigadores volvieron a reunir a la mayoría de voluntarios para estudiar la consistencia del experimento realizado. En esta ocasión, se les pidió que asociaran la música que escuchaban a cuatro tipos de sentimientos: felicidad, miedo, tristeza o paz. Todos los voluntarios, incluidos los que padecían anhedonia musical, supieron reconocer estas emociones en las piezas.

Fuentes | MEDCIENCIASINC

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MÚSICA Y EMOCIÓN A TRAVÉS DEL TIEMPO

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Tilson thomas otilca

Como director, Michael Tilson Thomas es mejor conocido por su interpretación de la tan cargada emocionalmente música de Gustav Mahler. Pero su legado no se detiene en sus grabaciones – ganadoras del Grammy – de las sinfonías de Mahler con la orquesta de su hogar, la Sinfónica de San Francisco. Él también es el fundador de la New World Symphony (Sinfónica Nuevo Mundo), una orquesta que ayuda a educar a jóvenes y talentosos músicos tan obsesionados con su arte, como lo es él. Es director invitado de la Orquesta Sinfónica de Londres, y el director artístico de la Orquesta Sinfónica de Youtube. Es también el creador del programa educativo “Keeping Score” para escuelas públicas, para hacer la música más accesible. En el 2010, Tilson Thomas recibió la Medalla Nacional de las Artes, el más alto honor dado a los artistas por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.

En esta épica charla, Michael Tilson Thomas habla de una manera tan brillante, como fresca, sobre la evolución de la música a través del tiempo, desde los neumas hasta la llegada de la música hecha con sintetizadores electrónicos, sobre cómo su gran maestro fue su padre, quien no sabía demasiado sobre música, el porqué un niño de un pueblo, jugando en la calle con sus amigos, es capaz de celebrar un homerun tarareando a Morzart, la diferencia entre la felicidad y la tristeza humana, calculada en vibraciones por minuto (acordes mayores y menores). Un exposición magistral, en un lenguaje sencillo, sobre todo el poder de la música, y todo esto, resumido en 20 minutos.

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El niño que desarrolla su capacidad auditiva capta mejor los mensajes en la escuela

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LA FORMACION MUSICAL, CLAVE DESDE EDADES TEMPRANAS

La educación musical tiene una incidencia muy positiva sobre la formación general del ser humano, que ha sido contrastada por especialistas en Pedagogía, Ciencias, Música y Medicina. Muchos pedagogos y neuropsicólogos de reconocido prestigio internacional, como Suzuki o Gardner, sostienen que el niño que desarrolla su capacidad auditiva capta mejor los mensajes en la escuela, aprende con más facilidad y llegará a dominar su idioma antes que los niños no educados musicalmente.

 Niño Trampetista

Jhon Raga

La música ha demostrado que el aprendizaje durante la infancia de una disciplina artística mejora el aprendizaje de la lectura y de lenguas extranjeras. El arte permite una comunicación universal en la que todos expresan emociones y sentimientos. La música estructura la forma de pensar y trabajar, ayudando a la persona en el aprendizaje de las matemáticas, el lenguaje y las habilidades especiales. Por todo ello, en el conservatorio proporcionan una educación musical de calidad que permita a los alumnos que lo deseen poder continuar los estudios de Grado Profesional de Música; contribuir a la formación de los alumnos a través del cultivo de la sensibilidad musical, desarrollando capacidades psíquicas, emotivas, físicas, etc.; aprovechar la capacidad de la formación musical, contribuyendo así al desarrollo de aspectos como la creatividad, imaginación, espontaneidad, y crear un medio de expresar emociones y sentimientos. Ofrece la posibilidad de participar en actividades colectivas como audiciones, conciertos de alumnos, conciertos escolares, etc.

Nota publicada en el Diario Códoba el 4/04/2014

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¿Cómo influye la música en nuestra percepción del tiempo?

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musicatiempo

En artículos anteriores hemos comentado la gran influencia que ejerce la música en nosotros. La música adecuada puede ayudar a mejorar nuestra productividad, a aumentar nuestro rendimiento físico, o incluso a sincronizarnos con otras personas. En este artículo hablaremos de un efecto musical más sutil, el cambio de nuestra percepción temporal.

Aunque pensemos que el tiempo pasa igual para todos, realmente es una ilusión producida por nuestro cerebro. Pensemos en los días que hacemos algo divertido o los días aburridos. Las horas pasan más rápido o más lento de manera subjetiva. Si preguntamos a un grupo de voluntarios cuanto tiempo llevan esperando en una sala, el tiempo que dirán dependerá más de lo entretenidos que estaban en la misma.

Con este ejemplo, queda claro que nuestra actitud emocional influye en nuestra percepción del tiempo, pero la explicación de este fenómeno es mucho más compleja. El tiempo es algo continuo, no se divide en horas, minutos y segundos como hacemos creer. Estas unidades son divisiones hechas para nuestro entendimiento. En el cerebro el tiempo es continuo pero también necesita hacer pequeñas divisiones de tiempo para trabajar, para ello tiene grupos de neuronas llamados osciladores.

Los osciladores son grupos de neuronas que se activan siguiendo un ritmo concreto, y propagan esta activación rítmica a todo el cerebro. Dicho de otra manera, actúan como un metrónomo natural. Las neuronas sometidas a este ritmo procesan la información sincronizándose entre ellas como los instrumentos de una orquesta. En la corteza prefrontal, la influencia de los ritmos más rápidos genera nuestra percepción del tiempo.

Existen diferentes osciladores en diferentes regiones de nuestro cerebro, y no todos funcionan a la vez. Por ejemplo, en una región llamada septo se genera el ritmo theta, que activa a las neuronas asociadas aproximadamente cuatro veces cada segundo, pero solo sucede si caminamos o soñamos. Si estamos quietos este ritmo desaparece de nuestro cerebro, por lo que se cree que está implicado en la orientación espacial de lugares, ya sean físicos o imaginarios. Otros generadores generan ritmos muy lentos que nos permiten tener ciclos de sueño de 24 horas y regulan el ritmo circadiano; y otros más rápidos que se encargan de recoger la información visual de la vista (y son las culpables de que los perros se aburran viendo la televisión).

Existen enfermedades en las cuales estos generadores se rompen y los ritmos cambian.Uno de los casos clínicos más extremo es el de un paciente que tras una embolia en la corteza prefrontal notaba que el mundo iba más rápido de lo normal. Curiosamente, para los que lo observaban sus movimientos y habla eran más lentos. Este caso es una de las pruebas que indican que cambiando estos metrónomos internos podemos cambiar nuestra percepción del tiempo a nivel global. En la actualidad se ha comprobado que en enfermedades como Parkinsonesquizofrenia o déficit de atención hay un cambio en la percepción temporal, haciendo que estos enfermos sientan el paso del tiempo de manera diferente.

Se ha comprobado mediante diferentes estudios que la música es capaz de cambiar la percepción subjetiva del tiempo. No se conoce de manera exacta el mecanismo, pero se cree que el ritmo de la música influye en los osciladores naturales haciendo que varíen su funcionamiento.

Existen estudios en los cuales se demuestra que comemos más rápido en un restaurante si ponemos una música con una velocidad más elevada. En 2004, un estudio de la Fundación del Club de Automovilismo comprobó que la música más peligrosa para conducir es la Cabalgata de las Valkirias de Wagner, ya que su ritmo provoca la sensación de lentitud del coche y nos anima a pisar más el acelerador. Se han realizado estudios más serios con voluntarios a los que se les pregunta cuánto tiempo pasa mientras realizan una tarea con un ritmo concreto de fondo, si el ritmo es más acelerado percibirán el tiempo más rápido de lo que realmente es.

Aunque recientemente empecemos a investigar las bases neurológicas de la percepción temporal, parece que este fenómeno es especialmente conocido entre los compositores de música clásica. Hay compositores especializados en jugar con la percepción del tiempo del oyente al escuchar una de sus obras, por ejemplo Antón Bruckner es famoso por sus sinfonías de más de una hora de duración que parecen más cortas al ser escuchadas). Otro compositor, Anton Webern, incluso se engañó a sí mismo al considerar que su obra Variaciones para Orquestaduraba 20 minutos, cuando en realidad solo eran siete.

Estos compositores juegan con el ritmo de sus piezas musicales, haciendo que nuestro cerebro acabe modificando sus propios metrónomos internos durante el tiempo que dura la obra. Cuando nuestra corteza cerebral se sincroniza a un ritmo más lento del normal, favorecemos la sensación de bienestar y de “no pensar en nada”, algo que en la actualidad llamamos mindfulness.

En resumen, si quieres hackear el ritmo de tu cerebro, la música es una buena aliada. No necesitas más que escuchar música clásica para notar como tus horas se vuelven minutos. Aquí te dejamos una obra para empezar a experimentar.

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=aVfPN40nuqI

Nota original de NAUTI.US

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El competidor informático de Mozart

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Por Sylvia Smith

El sonido musical de un teclado flota sobre los modernos edificios del Parque Tecnológico de Andalucía, en Málaga, conocido como el Silicon Valley de España.

Pero este no es un ensayo, aunque el músico que interpreta es un artista internacional.

“Hemos enseñado a una computadora a escribir notas musicales”, dice Gustavo Díaz-Jerez, consultor informático y pianista.

“Ahora podemos producir música clásica moderna con sólo pulsar un botón”.

El equipo que desarrolla este proyecto musical –llamado Iamus en honor al semidiós de la mitología griega capaz de hablar con los pájaros– sólo le provee información básica.

“Sólo le indicamos al ordenador algunas cosas técnicas generales”, cuenta Díaz-Jerez.

“Le informamos que es imposible para un pianista tocar un acorde de 10 notas con una sola mano. Sólo tenemos cinco dedos en cada mano”.

Mapa musical

Proyecto IamusEl pianista Gustavo Díaz-Jerez trabaja en el proyecto e interpreta las creacionas de la computadora Iamus.

Instruir a una computadora para que escriba notas musicales es un gran paso en la relación entre la música y la tecnología.

Iamus se originó a partir de una investigación sobre vida artificial y utiliza la evolución como base, según explica Francisco Vico, profesor de Inteligencia Artificial (IA) de la universidad de Málaga.

“Algunas personas no creen que sea posible”, dice Vico, en conversación con la BBC.

“Cada composición tiene un núcleo musical que se hace más complejo y evoluciona automáticamente”.

El programa informático permite a Iamus escribir innumerables notas sin ayuda humana.

“Empieza con estructuras muy complejas dentro de la computadora”, explica Díaz-Jerez.

“Es muy distinto a otras músicas generadas por ordenador. Cuando la gente escucha esta frase imagina que se puede escuchar a la computadora interpretando música”.

“Pero Iamus hace algo diferente, proyecta esa complejidad que evoluciona en el ordenador en estructuras musicales”.

Inspirada por la evolución

Iamus se alimenta con información específica que dispone, por ejemplo, la duración y los instrumentos para los que compone.

La actividad se controla a través de un algoritmo inspirado en procesos biológicos.

Igual que el genoma humano ha mutado para crear una multitud de personas únicas, Iamus altera y reordena el material inicial para crear piezas de música compleja. La única restricción es que pueda ser interpretada por un músico y su instrumento.

“La composición evoluciona dentro de la máquina”, dice Francisco Vico.

“Y un humano selecciona entre el conjunto de composiciones que provee Iamus”.

Orquesta Sinfónica de Londres

Algunas de estas piezas han sido interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres. El violinista y director Lennox McKenzie cuenta que fue la primera vez que tocaban música creada por ordenador.

“No es el tipo de música que escuchas y te vas silbando una melodía”, cuenta McKenzie, consultado por la BBC.

“Es realmente amplio en términos de sonido. Me recuerda un poco a Varese o a Frank Zappa”.

En una prueba, el musicólogo aficionado Peter Russel escuchó la música y la definió como “artística y encantadora” antes de saber cómo había sido creada.

Compositor prodigioso

Retrato de Mozart

 

Iamus tiene el potencial para componer otros géneros además del clásico contemporáneo y para instrumentos que aún no han sido introducidos en su sistema.

Díaz-Jerez explica que utiliza la escala templada occidental, en la que una octava tiene doce notas.

“Pero si le damos las instrucciones para que utilice más notas, como por ejemplo en la música árabe o hindú, Iamus será capaz de componer piezas que se relacionen con estas culturas”.

“Es sólo cuestión de extender el conocimiento de la computadora”.

La idea de que un ordenador pueda convertirse en un compositor más prodigioso que Mozart, Haydn, Brahms y Beethoven combinados es quizás inquietante.

Por ahora los músicos pueden consolarse sabiendo que aún hacen falta sus sentimientos y talentos personales para interpretar esta música y darle vida.

Entre tanto, la innovación ha abierto la puerta para una nueva forma de venta de música.

El desprendimiento comercial del proyecto Iamus, la compañía Melomics Media con base en Estados Unidos, ofrece las composiciones musicales creadas por esta computadora a un precio similar a lo que cuesta descargar un tema de iTunes o Google Play.

Pero la gran diferencia es que quienes compran las composiciones de Iamus también obtienen los derechos de autor.

Y con una cantidad ilimitada de piezas –ya hay miles en su discoteca– no hay riesgo de quedarse sin material.

Nota original de BBC MUNDO

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¿Qué tengo que hacer ANTES de tocar?

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Esquema de desarrollo básico que nos ayudará a saber qué pasos tenemos que seguir antes y después de tocar, para evitar lesiones.

¿Qué tengo que hacer ANTES de tocar?
Fase de CALENTAMIENTO previo: (en este proceso incluiremos 3 partes a seguir en ese orden)qué hacer antes de tocar
• Ejercicios flexibilizantes: poniendo como ejemplo las manos, en este tipo de ejercicios lo que buscamos es la movilización de las articulaciones que van a estar sometidas a gran actividad, en toda su amplitud. Podríamos abrir y cerrar los dedos el máximo posible, pero de forma activa, sin estirar ningún músculo. Mover las muñecas, los codos, etc. Requiere pocos minutos y va a ayudarnos a que los estiramientos no se realicen en frío, ya que tampoco es aconsejado.
• Estiramientos: este apartado es ampliamente conocido por todo el mundo. Aquí forzaremos un poco esas articulaciones, estirando los músculos. Debemos evitar siempre los rebotes y mantener el estiramiento suave (nunca causando dolor) durante un mínimo de 20 segundos. En cada intento nos daremos cuenta de que podemos estirar más sin causar dolor. Nunca tenemos que dejar que la articulación sufra en exceso ya que es contraproducente.
• Calentamiento específico: éste se realiza ya sobre el instrumento. Consiste en hacer “ejercicios” específicos, es decir, tocar la batería, guitarra o el instrumento que toquemos, pero con movimientos suaves, variados y sin forzar articulaciones. En este proceso iremos subiendo poco a poco la intensidad hasta llegar a tocar con la intensidad deseada.

¿Qué tengo que hacer DESPUÉS de tocar?
Fase de ENFRIAMIENTO ACTIVO o vuelta a la calma: (en este apartado incluiremos 2 partes)
• General: realizaremos lo mismo que en el calentamiento específico pero a la inversa, disminuiremos progresivamente la intensidad de los movimientos.
• Estiramientos: trabajaremos sobre las zonas más requeridas de la misma forma que lo hicimos antes de tocar. Evitando siempre el dolor.

Artículo original de Salud Musical

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Música y dopamina

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escuchando musica 1Por el Profesor César Mendoza 

@terapiamusical

Hola, quiero referirles en esta oportunidad una anécdota de un niño de mi escuela (donde tengo el laboratorio de terapia musical), quien en una de esas tantas mañanas me dice que le preste el cuatro, le pregunté: ¿Por qué te gusta tanto ese instrumento?, y me respondió: profe, cuando escucho la música me siente fino, y hay algo que me pone la cabeza, no sé, algo raro.
Esta respuesta de Eddy, me permitió adentrarme en la investigación sobre qué causaba esa reacción en él. Lo primero que intenté fue colocar la terapia musical por varios minutos, permitiéndole escuchar las Cuatro Estaciones de Vivaldi, para estimular los dos hemisferios de su cerebro, notando que con sus ojos cerrados experimentaba un intenso placer.
La investigación me llevo a conocer que esto se debe, a que al escuchar música se produce en el cerebro la secreción de dopamina, un neurotransmisor que también se libera ante placeres más concretos asociados a la alimentación, el sexo, el consumo de drogas o el dinero.
Utilizando aparatos de diagnóstico por imágenes (PET, Resonancia Magnética…), se puede medir la secreción de dopamina y la actividad cerebral, al escuchar música instrumental, sin voces humanas. El cerebro liberaba más dopamina, neurotransmisor del placer en una región llamada núcleo estriado cuando las personas escuchan sus canciones favoritas.
Otra prueba que se puede hacer, y determinar rápidamente esa segregación de dopamina, es colocando melodías como: el ‘’Adagio para cuerdas’’ de Barber, el segundo movimiento de la ‘’Novena sinfonía’’ de Beethoven y el ‘’Claro de Luna’’ de Debussy.
De igual manera la dopamina se libera en el momento en que la melodía nos hace estremecer literalmente en un “escalofrío”, en la misma región ligada a la euforia que produce el consumo de cocaína. Pero además, unos segundos antes, se produce una descarga de dopamina en el área vinculada a la anticipación y las predicciones.
Estoy claro que las actividades que realizo con los niños y niñas en el laboratorio me han hecho entender qué los estímulos abstractos de la música y el arte producen placer, a pesar de que no son necesarios para la supervivencia”, aseguran que la música funciona como un amplificador de las emociones y que cada vez que los estos niños y niñas expresan sentir la emoción, están a punto de producir el éxtasis de la pieza musical que escuchan, y cuando realmente sienten un estremecimiento, demuestran que la dopamina es la responsable de esas sensaciones, pues los núcleos cerebrales a los que se unía estaban implicados en la predicción y la emoción.
Para Eddy, como para los otros siete niños y niñas, con quien juego en el laboratorio cada día, esto les ha sido de gran ayuda en su proceso de enseñanza y aprendizaje, y aunque estoy seguro que la música sea en cierta manera “adictiva” no quiere decir que sea mala, por el contrario, tiene muchos efectos beneficiosos: además permite la formación y consolidación de grupos, lo que la hace también beneficiosa para pacientes que presentan Parkinson, los cuales tienen niveles anormalmente bajos de dopamina. Para estos pacientes, el hecho de escuchar música puede incrementar la cantidad de dopamina en sus cerebros y aliviar los síntomas de su enfermedad.

Artículo escrito para La Revista Otilca edición Quinto Aniversario(Leer Revista)

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La eficaciología y Otilca

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Otilca tiene ocho años

Por Ángel Marino Ramírez

@profesormarino

He imaginado a las instituciones de mi patria como un inmenso jardín, en donde las flores de la sabiduría, los pétalos del conocimiento, los tallos de la concordia, los surcos de los inventos y el abono de una excelente organización, sea el espejo fértil que irradie a otros rincones del planeta múltiples cosechas de logros positivos.

El sueño es tan ambicioso que me he atrevido a sembrar dicho jardín con los siguientes árboles: la asertividad, la comunicación, la auto-responsabilidad, el compromiso personal y un entusiasta clima organizacional. ¡Eureka! De pronto se me vino a la mente el ejemplo de la Otilca. (Orquesta Típica Luisa Cáceres de Arismendi).

Antes de ir más allá, y siguiendo el quimérico ejercicio, usted se preguntará ¿es posible, en mi país, hacer realidad tal sueño? Pues yo creo que sí es posible. ¿De qué manera? Bueno, el secreto puede estar dentro de cada uno de nosotros pero nos hemos pasado el tiempo buscándolo fuera. Quizás es aquí, en donde el equipo de la Otilca se diferencia de otras organizaciones. Para ilustrarlo mejor, se me ocurre proponer el siguiente neologismo: “Eficaciología”, el cual nos infiere el estudio y la búsqueda de la eficiencia en pro de un objetivo. En este sentido, creo que la Otilca aplica la Eficaciología en su modo de actuar.

En vez de gritar, dialoga; en vez de mandar, acuerda posturas; en vez de impuntuales, procuran ser los primeros en asistir; en vez de andar cabizbajos y tristes, andan alegres y entusiastas; en vez de detenerse en un solo proyecto, innovan buscando nuevas tareas.  Todo esto se revierte en beneficio de los niños que integran la familia musical de esta ejemplar orquesta, que llegó mutatis mutandis a señalarnos otras formas de gerencia cultural. En fin, la OTILCA está de aniversario, por ello deseo que mis letras sean la eficaciológica torta que cante sobre la piedra miliar de su pentagramado cumpleaños. Sueño cumplido.

Artículo escrito para la sección ENSAYANDO CON LAS LETRAS de la Revista Otilca edición Quinto Aniversario (Leer Revista)

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