Cómo influye la música en el cerebro, la educación y la vida

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¿Por qué vibramos con la música? ¿Por qué hay melodías capaces de unir a la gente? ¿Por que habría que enseñar música a todos los niños?

Según Pablo García Castillo, decano de la facultad de Filosofía de la Universidad de Salamanca, filosofía y música “tienen un origen común, en cuanto significaban búsqueda de la verdad, aunque una, la música, es una búsqueda que arranca del deseo irracional del ánimo, que encuentra en la armonía su perfecto equilibrio, mientras la otra, la filosofía, es una búsqueda que realiza la inteligencia y se traduce en una vida prudente. Ambas buscan el equilibrio, ambas tienden a la justicia“(1).

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La música, como materia académica, ha ido quedando, en el mejor de los casos, relegada a que los niños toquen (con mayor o menor habilidad) “Mi tío” o “El romance del conde Olinos” a la flauta. El aprendizaje de la música queda entonces marginado a las clases extraescolares de quien pueda permitírselas, a los estudios de Conservatorio o al afán autodidacta de los interesados. Pero la música es mucho más.

Aunque tradicionalmente se engloba dentro de las artes, la música engloba filosofía, matemáticas, psicología, neurología y la forma misma en que las personas sienten, expresan y viven sus vidas. Las formas musicales están asociadas al hombre desde su aparición como tal sobre la faz de la Tierra, y desde ese mismo momento nos ha acompañado en la celebración de la vida, en los duelos, en rituales y ceremonias, cuando amamos y cuando sufrimos, nos acompaña en nuestra soledad y nos hace sentir parte de un grupo humano.

La música y el cerebro

Según en neurólogo y neurocientífico argentino Facundo Manes, una de las teorías que apuntan al por qué del comienzo de la música estaría en que el ritmo nos hace movernos juntos, bailar juntos, y de alguna manera eso supondría un beneficio evolutivo al hacernos actuar de forma más altruista y unida. Manes explica también que la música es uno de los elementos más placenteros de la vida, y se desarrolla en un circuito cerebral que gestiona las respuestas físicas ante estímulos emocionales.

Hablamos realmente de placer físico, además de emocional. Según el neurocientífico Robert Zatorre, la música estimula la liberación de dopamina directamente desde las zonas del cerebro asociadas a la generación del placer. La reacción que produce se percibe fisicamente como un escalofrío o una conmoción. Al mismo tiempo, el cerebro almacena en un archivo todas las melodías que conoce, y eso le permite desarrollar también la capacidad de anticipar acciones.

Aunque ambos hemisferios cerebrales son complementarios, hay algunas funciones que se gestionan específicamente por uno de ellos. Así, en el hemisferio derecho encontramos la integración de las funciones asociadas a los sentimientos, las sensaciones y las habilidades artísticas. Es el responsable de informarnos de nuestra orientación espacial y de cómo percibimos los colores, las formas y los lugares. Es, en definitiva, el integrador de las distintas informaciones que recibe a través de sentidos y emociones, englobándolos en una sola cosa. Por su parte, el hemisferio izquierdo gestiona el habla, la escritura, la lógica, las matemáticas y la numeración. Lo interesante es que la música se procesa en ambos hemisferios, y se vincula tanto a lo artístico como a la capacidad integradora, al desarrollo del habla y a las matemáticas, entre otras cosas.

Se ha demostrado que los bebés son capaces de responder antes a determinadas melodías que a la voz de sus padres. La razón podría estar en que la música permite establecer una comunicación más emocional que la meramente semántica, justamente por su capacidad para activar simultáneamente distintas áreas del cerebro. La música puede transmitir emociones de forma mucho más eficaz que las palabras. El sistema límbico, responsable de las emociones, está fuertemente vinculado a las áreas del cerebro donde se reconocen el ritmo y la melodía.

Petri Laukka es un especialista en psicología musical de la Universidad de Estocolmo. Para él y sus colegas es un misterio cómo, a pesar de que todo el mundo evita las cosas tristes, existe cierto disfrute en escuchar música triste, porque aunque es un sentimiento que nos produce dolor, a través de la música el sentimiento no se asocia a un dolor real y traumático, sino que de alguna manera potencia los sentimientos positivos de las personas. La conclusión de los investigadores en este caso es que cuando escuchamos música triste lo hacemos para sentirnos mejor (2).

No deja de ser significativo de la importancia de la música que sea el área del cerebro donde se alojan los recuerdos musicales, la menos dañada por la el Alzheimer, según estudios del Instituto Max Planck de Neurociencia y Cognición Humana. Las canciones que emocionaron a los enfermos en otros tiempos se siguen recordando aunque la persona no sea capaz de reconocer a sus hijos o de recordar su nombre. Según los científicos eso se debe a que los recuerdos más perdurables son los que vivimos relacionados con una emoción intensa, y ese papel lo cumple a la perfección la música.

Pero la cosa llega mucho más allá. El cerebro de los músicos es diferente (3). La materia gris en las áreas auditivas, motoras y de visión espacial es mucho mayor en tamaño y cantidad en los músicos que en el resto de la gente. De hecho después de pasar más de 20 años estudiando las imágenes de resonancia magnética del cerebro en distintas profesiones, los científicos quizá no podrían diferenciar el cerebro de un matemático del de un escritor, pero el cerebro de los músicos es inconfundible. Además de un aumento en las áreas mencionadas, la memoria musical y la verbal también es más potente. Y ni siquiera es necesario que se trate de profesionales de la música, el cambio ya es evidente en las personas que han recibido algún tipo de formación musical durante su infancia o juventud.

Básicamente la formación musical reorganiza el cerebro y multiplica las interconexiones neuronales entre áreas diferentes del cerebro. Hasta tal punto es así que los científicos empiezan a pensar que el virtuosismo y la genialidad es fruto de una exposición temprana a la música, y no necesariamente algo innato. Evidentemente se puede nacer con predisposición, pero el papel del aprendizaje musical en la modificación del cerebro empezaría a verse como algo mucho más relevante de lo que hasta ahora se pensaba.

De alguna manera la música actúa como unificadora y armonizadora, ya sea entre los dos hemisferios o como vínculo entre las distintas áreas cerebrales, pero también es capaz de vincular entre sí el cerebro de otras personas. Investigaciones del Instituto Max Planck (4) han descubierto que cuando varios músicos ejecutan una pieza musical el conjunto, sus cerebros se sincronizan entre sí, creando una especie de red de cerebros, aparte de las propias redes interneuronales que generan en sí cada uno de los intérpretes.

Publicado en: http://www.teknlife.com

La música es medicina: sobre las propiedades medicinales comprobadas de este arte

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UN EXTENSO ANÁLISIS DE 400 ESTUDIOS CIENTÍFICOS, POSTULA A LA MÚSICA COMO UNA DE LAS MÁS GRANDES HERRAMIENTAS MEDICINALES QUE TENEMOS; OJALÁ ESTO DETONE UNA NUEVA ERA MÉDICO-MUSICAL.

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Hace unos 2500 años, Platón advertía que “La música es una ley moral. Dota de alma al universo, de alas a la mente, permite a la imaginación volar, da encanto y alegría a todas las cosas, a la vida misma”. Pero entre las bondades que adjudica acertadamente a este arte, uno de los grandes iniciados de la antigua Grecia olvidó mencionar que también, como dice el viejo adagio, la música es medicina.

Recientemente publicamos una serie de beneficios que la música aporta a nuestra mente, entre ellos mitigar la ansiedad y acentuar la alegría. Sin embargo, de acuerdo a un nuevo análisis de 400 reportes científicos anteriores, el cual realizaron psicólogos de la McGill University, en Canadá, parece que hoy tenemos argumentos contundentes para postular a la música como una efectiva herramienta de sanación.

Curiosamente, al menos desde que el hombre tuvo acceso a reproducir música con cierta autonomía, supongo que mediante el fonógrafo,  la música ha sido uno de los medicamentos que mayor auto-prescripción han inspirado. ¿Cuántos de nosotros no recurrimos cotidianamente a incentivar o matizar un estado anímico, para calmarnos o para excitarnos, dosificándonos con un cierto track para ello? Y si bien desde hace tiempo se emplean estímulos musicales dentro de contextos médicos, por ejemplo para favorecer la relajación o disminuir el dolor físico, lo cierto es que hasta ahora este era un recurso de algún modo ‘intuitivo’.

Las conclusiones obtenidas a partir de este extenso análisis fueron publicadas por Mona Lisa Chanda y Daniel Levitin, bajo el título The Neurochemistry of Music. Los autores lograron identificar cuatro áreas médicas en las que la música puede servir concretamente:

1. Recompensa, motivación y placer: por ejemplo, ayudar a tratar desórdenes alimenticios.

2. Estrés: reducir ansiedad.

3. Inmunidad: fortalecer nuestro sistema inmunológico

4. Afiliación social: facilitar la construcción de lazos afectivos y la cooperación.

Dichas áreas están conectadas con sus respectivos sistemas primarios neuroquímicos: dopamina y opiáceos, cortisol, serotonina y oxitocina.

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Entre el acervo de estudios que determinaron diversas bondades neuromusicales, Chanda y Levitin reportan, por ejemplo, quince estudios que prueban que la música relajante reduce la presencia de cortisol (la hormona que produce el estrés) en las personas. También citan otra investigación que confirmó que participar en sesiones colectivas de percusiones revierte ciertos efectos del envejecimiento. Pero tal vez el más preciado ‘re-descubrimiento’, es un estudio donde se prueba que aquellos pacientes que escucharon música placentera previo a recibir una cirugía mostraron menores niveles de ansiedad incluso frente a aquellos pacientes a quienes se dosificó Valium en circunstancias similares.

Esto último sugiere la posibilidad de que la música se consolide como una herramienta terapéutica en sustitución de las decenas de fármacos que en la actualidad se consumen masivamente (anti-depresivos, ansiolíticos, etc), eludiendo así los efectos secundarios de estas sustancias y evitando que familias desembolsen sistemáticamente dinero para surfear el ánimo en esta era de la post-post modernidad.

Creo que el gran valor de este análisis que repasa cientos de estudios sobre la relación entre mente y música, es que no solo atrae nuevamente el reflector a las virtudes terapéuticas del ‘arte del sonido’, sino que realmente podría inaugurar una era de medicina musical, en la cual este instrumento se adopte no solo como complemento, sino como un elemento protagónico en distintas circunstancias y procesos médicos.

Desde hace varios años abandoné relativamente el hábito de escuchar la radio. Mi argumento ha sido que, al reconocer una significativa influencia de la música en mi estado de ánimo, era absurdo legar esa responsabilidad a un tercero. Los días melancólicos en los que quiero penetrar aún más ese estado, entonces recurro, por mencionar un ejemplo, a música de Cocteau Twins o las suites para chelo de Bach. En cambio, si lo que quiero es hackear esa tendencia anímica, para envolverme en un animo proactivo, entonces me receto algo más en la línea de Violent Femes o incluso el Papua Nueva Guinea, de FSOL. Si la premisa es la oneironáutica, me incentivo con algo como Casino Versus Japan, y si lo que necesito es una sanadora instrospección entonces me voy por algunas piezas de dark ambient. Para nutrir la noche con ligereza despierta prefiero el jazz, tal vez Coltrane, si se trata de invocar lucidez entonces opto por Biosphere o  los selectos trabajos ambientales de Aphex Twin, pero si lo que necesito es, en cambio, un poco de arrojo nihilista, entonces no dudo hacer sonar a Velvet Underground.

Independientemente de tus gustos musicales (supongo que la mejor es la que más te gusta), el punto es aprovechar, pragmáticamente, las virtudes de la música como herramienta de modulación anímica, ejercicio que ahora ha sido re-confirmado por la ciencia, y que en la práctica ha resultado siempre deliciosamente efectivo.

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Javier Barros del Villar 

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¿Es posible que esta triste melodía húngara haya desatado una ola de suicidios?

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¿ES POSIBLE ESTABLECER UNA RELACIÓN DE CAUSA-EFECTO ENTRE LA MÚSICA DE ESTA CANCIÓN Y UNA OLA DE SUICIDIOS QUE SACUDIÓ HUNGRÍA Y EU DURANTE LOS 30?

¿Puede existir una canción tan triste que haga que la gente que la escucha cometa suicidio poco después? Una muy difundida leyenda urbana afirma que la canción “Gloomy Sunday” tiene semejantes poderes. Debido a su relación –real o imaginaria– con diferentes suicidios a lo largo del siglo XX, ha sido llamada popularmente “la canción húngara del suicidio.”

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La música fue escrita por Rezső Seress y la letra es de László Jávor, y fue grabada por primera vez por Pál Kalmár en 1935. Aunque nos recuerde vagamente a un tango, desde entonces se han hecho muchas versiones de “Gloomy Sunday”, siendo algunas de las más famosas las de Billie Holliday en 1941 y Björk. Incluso inspiró el film alemán Ein Lied von Liebe und Tod (“Una canción de amor y muerte”) de 1999, que cuenta la creación ficticia de la canción.

 

Pero la historia negra de la canción comienza con Seress mismo, quien se quitó la vida el 13 de enero de 1968; el New York Times especuló por entonces que el compositor húngaro habría tomado la decisión por la desesperación de no haber podido crear otra canción igual de popular.

Esto y muchos otros datos respecto a la enigmática tonada fueron analizados por Steven Stack y sus colaboradores en ”Gloomy Sunday: did the ‘Hungarian suicide song’ really create a suicide epidemic?“, donde se dedican a analizar algunas de estas leyendas urbanas y a proponer un protocolo científico para evidenciar la posible relación entre la melodía y los casos de suicidio.

 Una de las primeras pistas está en un artículo de la Time Magazine de 1936, que habla sobre una racha de suicidios en Hungría donde la canción tenía un papel a veces protagónico, a veces secundario: un zapatero la menciona en su nota suicida; dos personas se disparan mientras la escuchan; hay reportes de personas que se ahogan en el Danubio mientras sostienen las partituras en sus manos heladas.

Tal vez a raíz de esto la BBC prohibió la canción hasta 2002. Sin embargo, durante la Gran Depresión mucha gente perdió su trabajo y su casa, y se sabe que los suicidios aumentaron considerablemente de cualquier forma. Sumado a esto, la incidencia de suicidios en Hungría y los países de la zona es tan alta que los científicos han considerado la existencia de un gen del suicidio que afecta a los habitantes de aquella zona.

Por otra  parte, no es totalmente descabellado asociar productos culturales como libros, canciones o películas a los comportamientos suicidas. El “efecto Werther” fue analizado y descrito con este término por primera vez por el socioólogo David Phillips, tomando como paradigma la novela de Goethe, Las desventuras del joven Werther, un joven que es el prototipo del héroe romántico, el cual se quita la vida por amor. Desde la publicación de la novela en 1774 se reportaron suicidios que copiaban el del joven Werther, lo que deja abierta la posibilidad de que las obras “suicidogénicas” (que inducirían al suicidio) provean una narrativa o un marco que los potenciales suicidas pueden imitar o emular.

En su estudio, Stack y sus colegas hallaron una correlación (si bien no una causa) entre las tasas de suicidios entre jóvenes entre 1950 y 1990 y un aumento en la aparición de suicidas en el cine. Sin embargo, la hipótesis es arriesgada: ¿la gente que se suicida lo hace imitando personajes o arquetipos de la cultura de masas, o bien la cultura de masas enseña cómo y bajo qué condiciones uno se suicida, en caso de desear hacerlo? Después de todo, las razones por las que la gente “levanta la mano sobre sí mismo”, como diría Améry, son particulares y únicas en cada caso –como la muerte misma, que no por ocurrirle a todos los hombres les ocurre de la misma forma.

Como corolario, tal vez el personaje de Robert Frobisher (Ben Whishaw) en la película Cloud Atlas (2012) estuviera inspirado en Seress y su canción de la muerte por mano propia. Sin embargo, de admitir esta posibilidad, veríamos que las relaciones entre música y suicidio no están mediadas solamente a través de la tristeza, el blues o la saudade: incluso la alegría más aguda y la fraternidad más firme es incapaz de detener la mano del suicida cuando este ha tomado su decisión final.

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¿Por qué escuchar canciones tristes nos hace sentir bien? (Una paradoja del equilibrio emocional)

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CONTRARIO A LO PREVISIBLE, LAS CANCIONES TRISTES PUEDEN TENER UN EFECTO POSITIVO EN NUESTRO ÁNIMO, UNA APARENTE CONTRADICCIÓN QUE HA SIDO ESTUDIADA POR LA PSICOLOGÍA Y LA NEUROCIENCIA CONTEMPORÁNEAS

Mucha de nuestra relación con la música pasa por la sensación de compañía. En no pocas ocasiones cierta melodía, cierta canción, incluso una tonada apenas, se convierten en algo muy parecido a una presencia, algo que está ahí pero que no viene solo, sino que nos enlaza a otras cosas: emociones, recuerdos, imágenes tomadas de algún lugar y que emergen de pronto.

En este sentido, uno de esos pequeños enigmas que existen en torno a la música es el vínculo que establecemos entre ésta y nuestras emociones, en especial, el extraño efecto de que una pieza musical que podría considerarse “triste” (por su melodía, dominada por notas menores, o por su letra) nos hace sentir bien, incluso puede llegar a alegrarnos. ¿Por qué sucede esto?

Por qué escuchar canciones tristes

La psicología y la neurociencia contemporáneas han ofrecido varias respuestas al respecto. En Japón, por ejemplo, a mediados del año pasado se realizó un estudio en el que se concluyó que las canciones tristes propician las llamadas “emociones vicarias”, que en el caso específico de las emociones poco agradables o negativas, nos permiten sentir que las experimentamos pero “a distancia”. Escuchar una canción de dolor, de nostalgia o de tristeza cuando no nos sentimos especialmente dolidos, nostálgicos o tristes es, de acuerdo con esta investigación dirigida por Ai Kawakami, tener de cerca dichas emociones pero sin la amenaza que a veces representan a nuestro estado de ánimo.

Otro estudio plantea una interesante hipótesis respecto a dicho efecto, apuntando hacia la noción de equilibrio emocional. De acuerdo con la investigación del doctor Matthew E. Sachs y otros, algunos escuchan canciones tristes con el propósito un tanto inconsciente de mantenerse emocionalmente equilibrados, como si de cuando en cuando una dosis de tristeza actuara como contrapeso de otras emociones experimentadas en el día a día. El estudio destaca además por reconocer que si bien en la vida contemporánea la tristeza se vive más bien desde la negatividad, estéticamente su recepción y percepción pueden virar hacia el placer y la satisfacción. Aunque suene contradictorio, al menos en la experiencia estética es posible quesentirnos mal nos hace sentirnos bien.

Curiosamente, esa misma búsqueda de equilibrio emocional también parece extenderse hacia el disfrute de lo nuevo y lo desconocido, lo cual no necesariamente se refiere a las canciones tristes sino más bien a las caóticas. Hay quien se siente bien escuchando géneros experimentales (como el jazz), ruidosos (como el metal), disonantes (como ciertas composiciones de la música académica) o francamente cacofónicos. De nuevo esto puede parecer incomprensible, pero según esta investigación parece ser que en algunas personas ocurre un efecto positivo, de recompensa, en la escucha de música que desafía las estructuras habituales.

El enigma, en resumen, no tiene una sola respuesta, y en todo caso nos hace ver no sólo que la mente humana es contradictoria, sino también compleja, y quizá por encima de todo, que en la música, como en otras cosas de la vida, el disfrute es más importante que la explicación.

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5 BENEFICIOS DE LA MÚSICA PARA SER UN BUEN GERENTE

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Los gerentes y demás directivos con total responsabilidad en el control, planeación, desarrollo e implementación de acciones estratégicas en las organizaciones suelen experimentar altos niveles de estrés. Para manejar el estrés se han identificado técnicas como la práctica de deportes, cocinar o leer un buen libro. La práctica frecuente de la música logra efectos maravillosos e insospechados en el manejo del estrés y por ello se está constituyendo en la técnica con excelentes resultados en la consecución del bienestar integral de los trabajadores.

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AQUÍ PRESENTAMOS 5 RAZONES POR LAS CUALES UN EJECUTIVO CON FUNCIONES DIRECTIVAS DEBERÍA RECIBIR FORMACIÓN MUSICAL PARA ALCANZAR UN ADECUADO MANEJO DEL ESTRÉS.

1.  CAPACIDAD DE ESCUCHA.

La falta de escucha por parte del jefe suele ser una queja recurrente entre los empleados. La falta de escucha se manifiesta en una incapacidad personal tanto para formalizar espacios de comunicación con los colaboradores como la dificultad para identificar el contenido emocional que se moviliza en cada acto comunicativo. La formación musical entrena la habilidad de la escucha empática, es decir, la identificación de matices emocionales como la angustia, ansiedad, tristeza, ira o alegría que están a la base de las conversaciones con los subalternos. Como consecuencia, el jefe será percibido como abierto y empático.

2.  COORDINACIÓN DE ACTIVIDADES.

Suele pasar que el jefe está demasiado concentrado en el objetivo y menos en los procesos que dan lugar al resultado. El monitoreo de los procesos generalmente es una función realizada por mandos medios. A través de la formación musical, los directivos pueden hacerse atentos a los procesos que dar como resultado un indicador positivo. La coordinación de actividades supone que el directivo sea capaz de articular las acciones individuales desarrolladas por cada uno de los miembros del equipo de trabajo de manera que ninguna acción pasa desapercibida, no es despreciada ni subestimada.

3. APERTURA DE PARADIGMAS:

los músicos son maestros en la interpretación, es decir, que reconocen las innumerables opciones que existen para ejecutar una melodía. Quien se entrena musicalmente es hábil para reconocer múltiples vías para actuar. Es capaz de identificar las estrategias y verbalizarlas.

4. TRABAJO EN EQUIPO.

La especificidad en la ejecución de cada uno de los instrumentos musicales permite que se destaque la individualidad de los músicos así como su capacidad para interactuar armónicamente con los demás. Ninguno queda en segundo plano. Esta formación es fundamental para que los directivos entrenen sus habilidades para reconocer y reforzar las individualidades a fin de fortalecer la interacción armónica entre los colaboradores. En este sentido, el directivo es el primer gestor y responsable de los equipos de trabajo.

5. GESTIÓN DE LA DIVERSIDAD.

Existe un mito entre los directivos que quisieran tener trabajadores estandarizados que aseguren un rendimiento sostenido. La realidad es otra y es que las personas son diferentes. Un líder, así como un músico debe entrenarse en las habilidades esenciales para la gestión de la diversidad. Así las cosas, es indispensable que el directivo sea hábil para reconocer los talentos individuales, facilite la interacción, desarrolle proyectos comunes, dé la palabra a cada uno según su especialidad y sea un destacado gestor de conflictos. Todas estas son habilidades que se desarrollan con la práctica frecuente de la música.

Publicado en: http://laburando.larevista.in/2016/01/04/5-beneficios-de-la-musica-para-ser-un-buen-gerente/

LA MÚSICA, LENGUAJE UNIVERSAL QUE OPTIMIZA LAS PRÁCTICAS EDUCATIVAS

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Liderazgo, autonomía, trabajo en equipo, son condiciones que toda persona debe fortalecer para desarrollar un proyecto de vida feliz y en armonía con el entorno. Sin embargo, las condiciones sociales, ambientales, económicas e incluso, religiosas, en las que se educan los niños pueden variar tanto entre culturas que las actitudes y comportamientos que resultan funcionales como líderes en un grupo humano son disfuncionales en otro.

La educación contemporánea ha encontrado que la formación musical a edades tempranas ofrece un conjunto de prácticas, lenguaje, actitudes en las que se implantan formas de liderazgo, trabajo autónomo y trabajo en equipo que se caracterizan por ser de mayor adaptabilidad a diferentes contextos.

En lo que se refiere a liderazgo, la práctica musical frecuente genera una relación entre enseñante y aprendiz que se reviste de unas características particulares: respeto, acompañamiento, capacidad de contención emocional, capacidad para presentar modelos, creatividad y retroalimentación asertiva y oportuna. Los niños y niñas que se encuentran en formación musical establecen patrones de conducta que replican en nuevos escenarios sociales aquello que han experimentado en la formación musical. Como resultado, estos niños y niñas transportan a las demás relaciones entre pares y con adultos ese mismo abanico de conductas aprendido y entrenado en las clases de música.

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En lo que tiene que ver con la autonomía, es claro que la formación musical requiere disciplina y autocrítica. Es notable ver cómo los niños y niñas que están en formación musical pueden pasar largas horas practicando una nueva melodía, haciendo mantenimiento a los instrumentos que utilizan, revisan partituras o escuchan versiones diferentes de piezas notables con el ánimo de alcanzar el mayor desempeño en su ejecución musical. La autonomía, lejos de ser el resultado de comportamientos arbitrarios e inconexos, debe dar la oportunidad para que los aprendices de música puedan avanzar individualmente en aquello que se requerirá para una ejecución colectiva.

Todo niño y niña en formación musical debe aprender el arte de trabajar con y por otros. Nada más noble que ver la ejecución de las orquestas juveniles en las que unos y otros respetan los lugares, los silencios, las orientaciones de los directores y cuando tienen la oportunidad de mostrar su pericia, entregar la mejor en unos instantes. El logro de la orquesta es el logro de cada uno en particular. Siente que su aporte ha sido evidente para el éxito del conjunto. Sabe que es único e irrepetible pero también sabe que requiere a los demás para poder disfrutar de la belleza de una pieza bien interpretada. Aquí el trabajo en equipo se experimenta como complementariedad. El grupo ayuda a que cada individuo se integre, se asuma en su diferencia, aporte armónicamente al conjunto y madure integralmente en todas sus dimensiones.

La formación musical se revela como una buena manera para entrenar el liderazgo, la autonomía y el trabajo en equipo entre niños y adultos.

SOBRE EL AUTOR 

Mercadólogo y Publicista
Columnista La Revista In

Publicado en http://revistaeducacionvirtual.com/archives/1900

LOS PACIENTES CON ALZHEIMER MEMORIZAN MUCHO MEJOR LAS PALABRAS CUANDO ESCUCHAN MÚSICA

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Durante el mes de noviembre, estuve realizando en OTILCA, unos conversatorios sobre la importancia de la música en pacientes que sufren de la enfermedad de Alzheimer, lo más impresionante de todo fue que allí, en el espacio seleccionado para ese encuentro, estaban algunas personas que padecen este terrible problema, lo que me llevo a demostrar en vivo, y con el recurso a la mano, que a través de la música, y gracias a las canciones, las personas con este mal recuerdan mejor la información verbal si ésta es brindada en un contexto musical.

En todo momento se hizo mucho énfasis en que la enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia., y que esta patología crónica se asocia fuertemente con la edad, y se desarrolla de manera irreversible a medida que pasa el tiempo.

Los primeros síntomas incluyen la pérdida de la memoria y la confusión, pero cuando este mal avanza surgen los cambios de la personalidad, las alteraciones en el comportamiento y la pérdida de habilidades cognitivas. Las personas con este mal suelen no reconocer a sus familiares o tener dificultades para hablar, leer o realizar tareas cotidianas como peinarse o bañarse.

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Por el momento no existe ninguna cura para este mal, pero el tratamiento con diversos fármacos puede retrasar su avance.

Muchas  investigaciones han analizado, si la música podría mejorar la memoria de las personas con la enfermedad de Alzheimer, y han concluido que los pacientes con Alzheimer memorizaron mucho mejor las palabras cuando la música esta presente, lo que confirma es necesaro entender más a fondo este efecto de la música, ya que abrir paso al desarrollo de terapias efectivas para este mal.

Lo que si fue muy claro palpable, cuando s realizó el ejercicio, se comprobó que  La música y las emociones son lo último que se pierde en el cerebro herido por el Alzheimer y otras Demencias. Estas personas demostraron que olvidan mucho de lo que han sido, pero no las canciones de su vida.

Por esto desde el equipo disciplinario de OTILCA SALUD, hemos querido  asegurar que existe cada vez más evidencia que nos permite conocer los fundamentos psicológicos y fisiológicos para aplicar más y mejor la música de manera terapéutica. «El ritmo influye sobre la regulación de la motricidad, la melodía tiene impacto sobre las emociones y la armonía está relacionada con aspectos cognitivos. Otros elementos como la intensidad, el tono, el tempo, la altura y el timbre se utilizan también para ayudar a regular estados de ánimo y aspectos fisiológicos.

Solo establecemos como finalidad de la musicoterapia, mejorar la calidad de vida de la persona. La persona con demencia mantiene la capacidad de procesar la música después de haber perdido la capacidad para procesar el lenguaje, por lo que la música se convierte, en las fases más avanzadas, en una importante vía para la conexión con su propia identidad y la comunicación con su entorno más cercano, activando la memoria biográfica, las emociones asociadas y ofreciendo la posibilidad de compartir una experiencia propia con otro ser humano. Además, puede ser un estímulo que les proporciona confort y que puede mejorar su contribución a las actividades básicas como el aseo o la alimentación, añade la musicoterapeuta.

Por mucho tiempo he estudiado a la especialista Monica Castro, musicoterapeuta especializada en geriatría y demencias, durante una ponencia realizada en el 56 Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y el 20 Congreso de la Societat Catalana de Geriatría i Gerontología (SCGG), que durante estos días se celebra en Barcelona., afirmó que  la música desvía el foco de atención de la persona de estímulos que no puede interpretar a un estímulo que tiene sentido, y por tanto tiene un efecto calmante ante estados de ansiedad en fases moderadas y avanzadas del proceso de demencia. Las actividades musicales orientadas terapéuticamente aportan un sentimiento de éxito, mejorando la autoestima en fases leves y moderadas.

 De igual manera expresa que en fases leves y moderadas puede contribuir a mantener las capacidades cognitivas y funcionales preservadas, retrasando el nivel de dependencia, y en fases más avanzadas puede ser una de las pocas vías de acceso a su propia identidad, una vía de comunicación con sus cuidadores, un estímulo que les proporciona confort y que puede mejorar su contribución a las actividades básicas como el aseo o la alimentación.

Se han realizado numerosos estudios con resultado positivo sobre el beneficio de la musicoterapia para el mantenimiento de algunas habilidades cognitivas como el lenguaje, la atención y la memoria en fases leves y moderadas.

Finalmente queremos invitarlos a compartir juntos, y  evidenciar que comprobadas técnicas musicoterapéuticas pueden ayudar a reducir síntomas conductuales como la agresividad física y verbal o el deseo de deambular, contribuyendo a la mejora de la calidad de vida de la persona que padece la demencia y de sus cuidadores.

Si desea información o participar en nuestro Programa “Musicoterapia” haga Click Aquí

César Mendoza web

Por César Mendoza

Terapeuta Musical Otilca

     

    Estudio busca establecer si la música afecta el sentido del gusto

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    EUROPA PRESS. 11.12.2015 El investigador del LabLENI-I3B de la Universitat Politècnica de València (UPV) Manuel Calero ha presentado el trabajo ‘Los sonidos del vino’, un proyecto que pretende dar un paso adelante en el ámbito de la neurociencia al buscar la influencia de la música en la percepción del sabor; en este caso, la relación entre distintos palos del flamenco y el vino de Jerez.

    Como objetivo principal, el trabajo quiere demostrar la relación que existe entre el sentido del oído y el sentido del gusto, y analizar de qué manera afecta la presencia de música en la percepción particular en las propiedades del sabor, explica la institución académica en un comunicado.

    También trata de encontrar, entre otras cosas, una correlación entre música y enología: la relación que existe entre un vino “oloroso” blanco de Jerez y cuatro diferentes palos (estilos) del flamenco.

    Así, analiza cuál de las piezas resulta de mayor nivel de congruencia con el vino o qué parámetros musicales resultan de la cata de este vino en silencio.

    “Es sin duda un proyecto innovador, ya que permite profundizar en el impacto que sobre la percepción del sabor tienen determinados factores ambientales, en este caso el sonido musical”, destaca Mariano Alcañiz, director del LabLENI-I3B.

    “El estudio apunta resultados interesantes para tratar de descifrar de qué manera el cerebro crea el sentido del gusto; es decir, cómo el cerebro recoge la información que proviene de los sentidos para que, junto a nuestra memoria y las experiencias previas, se pueda generar el mencionado sentido del gusto”, añade.

    Manuel Calero ha sido galardonado en los premios Valencia Idea, organizados por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Valencia, cuyo objetivo es reconocer el trabajo de jóvenes investigadores con un alto potencial innovador.

    Cata con inmersión acústica

    El proyecto ‘Los sonidos del vino’ se está realizando en el instituto de investigación LENI-I3B y se divide en dos estudios: el primero, que ahora finaliza, consiste en una cata a ciegas en una inmersión acústica de diferentes escenarios sonoros, que se ha realizado con dos muestras, un grupo de sumilleres y un grupo de músicos profesionales.

    En la segunda parte del estudio, la cata a ciegas se realizará con voluntarios sin formación enológica, y también con diferentes escenarios sonoros preestablecidos.

    Actualmente, el proyecto se encuentra en fase de análisis de resultados del primer estudio y en la realización de sus últimos pases experimentales.

    Para obtener los datos, además de cuestionarios de propiedades del sabor, calidad de la experiencia, música y cualidades estéticas percibidas, se ha utilizado instrumentos de medida de alta precisión EEG (electroencefalograma) o HRV (frecuencia cardiaca) y el software más reciente de medición.

    Para el joven investigador, Manuel Calero, este proyecto supone reunir en una única línea de investigación dos de sus pasiones: la investigación y la música, analizando la influencia de la música en la gastronomía, “o que conduce hacia el término de “Neurogastronomía”, que ofrece grandes posibilidades de análisis y desarrollo en el ámbito de la investigación y de la experiencia gastronómica.

    En este caso y para ser más exactos, se podría hablar de “Neuroenología”, término acuñado por G. Sheperd, autor de Neuroenology: How the Brain Creates the Flavor of Wine, en el cual se describen los procesos neuronales que dan lugar al sabor del vino”, apunta Manuel Calero.

    Ciencia aplicada “Este estudio va a permitir profundizar en el conocimiento de qué factores influyen en la experiencia de degustar un vino, y en qué medida.

    En definitiva, nuevos caminos para explorar el funcionamiento del cerebro y su impacto en Neuroenología ” apunta Mariano Alcañiz.

    Los resultados de esta nueva línea de investigación del LabLENI-I3B son aplicables a varios sectores del mundo del vino.

    Desde productores a la hora de crear un nuevo vino, hasta restauradores para mejorar la experiencia de la degustación, pasando por el sector de la distribución.

    Ayudaría también a mejorar las acciones de marketing que permitan una mejor penetración de este producto en mercados tanto nacionales como internacionales.

    Publicado en: http://www.20minutos.es

    Música, emociones y neurociencia

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    música y neurociencia

    Desde la Escuela de Música Luisa Cáceres de Arismendi queremos compartir con nuestro público unos minutos en los que el conductor del programa Redes de RTVE, Eduardo Punset Casals nos habla de la música y su influencia en las emociones.

    ¿Qué dice la neurociencia sobre las emociones evocadas por la música? ¿Cómo el cine se aprovecha del poder de la música para dirigir a los espectadores?
    Punset entrevista a Stefan Koelsch, prof. de psicología de la música, Freie Universität Berlin y el cantante Manolo García nos explica la unión que experimentan los músicos con su público en los recitales.

    Somos criaturas musicales de forma innata
    desde lo más profundo de nuestra naturaleza.

    Stefan Koelsch

    Eduard Punset:

    El gran músico Stephan Koelsch, músico y psicólogo y el mejor neurólogo, es el que nos ha puesto de manifiesto que nada influye tanto, tiene un impacto tan trascendental sobre el cerebro, como la música.

    Sabes, algunos de tus amigos me dicen que nada tiene más impacto sobre el cerebro que la música en el sentido de que afecta la memoria, incluso afecta el movimiento, las emociones, lo afecta prácticamente todo. Quiero decir, ¿la música es tan importante o crees que no hay para tanto?

    Stefan Koelsch:

    Creo que es muy importante y que, de hecho, se le podría dar la vuelta a la pregunta y plantearnos si hay alguna parte del cerebro que no se vea influida por la música. Así pues, ¿qué está ocurriendo en el cerebro de los que hacen música?

    Mientras producen sonidos, los escuchan y los coordinan con sus propios movimientos y con su propia producción de sonidos, recuerdan lo que han producido antes, así como lo que producirán después. Quizás recuerden la canción, la letra… Se miran, se genera actividad emocional.

    En general, cuando la gente compone música en común, se lo pasa bien, disfruta estando con los demás, disfruta comunicándose con los otros y todos esos procesos diferentes hacen que el cerebro humano se comprometa con toda su riqueza y colorido, por decirlo de alguna manera.

    Eduard Punset:

    Este mundo de la música parece tan dirigido por las emociones… Según parece, has llevado a cabo unos experimentos en Camerún.

    Lo que intentaste demostrar en aquel experimento fue que la cultura, una cultura concreta, no afectó las emociones inspiradas por la música, es decir, juntaste un aborigen, un ingeniero muy sofisticado, procedentes de dos hemisferios del mundo totalmente distintos y, sin embargo, reaccionaron igual.

    Las emociones y la música

    Stefan Koelsch:

    Fue un estudio sobre el reconocimiento de las emociones en la música. Uno de mis estudiantes de doctorado viajó al norte de Camerún e hizo una investigación con personas que nunca habían escuchado música occidental antes.

    Estas personas fueron capaces de decir: “esta pieza suena bastante alegre, esta otra bastante triste y aquella bastante aterradora”. Suponemos que es porque en la tradición musical occidental la música triste imita la prosodia de una voz triste: tonos bajos que van disminuyendo el timbre, por ejemplo, un tempo que no sea rápido, sólo pequeñas variaciones de tono.

    Parece ser que cuando se codifica en forma de música, aunque nunca hayamos escuchado dicha música antes, somos capaces de reconocer qué emoción expresa la pieza en cuestión.

    Eduard Punset:

    Déjame que te haga otra pregunta. ¿Por qué cuando estoy triste y me siento solo –algo que me ocurre muy raramente, pero a veces puedo sentirme triste y solo– por qué la música me anima si es algo, sabes, movido, “pam pam pam pam”?

    Y, en cambio, cuando estoy muy excitado, ¿por qué pasa al revés, la otra música me calma? Quiero decir, ¿cómo puede ser que la música te anime o, por el contrario, te tranquilice? No me parece demasiado lógico.

    Stefan Koelsch:

    Eso nos muestra que, en primer lugar, la música tiene esa capacidad de ayudarnos a cambiar nuestro estado de ánimo, si lo deseamos. Desde la neurociencia sabemos que la música es muy poderosa a la hora de activar cada una de nuestras estructuras emocionales en el cerebro.

    Cuando llevamos a cabo experimentos neurocientíficos, vemos que podemos modular la actividad en prácticamente cualquier estructura cerebral emocional gracias a las emociones que despierta la música.

    Esto significa que la música es capaz de evocar el núcleo mismo, el núcleo de las estructuras cerebrales responsables y creadoras de nuestro universo emocional, algo muy importante también para las terapias donde podemos intentar aplicar la música para ayudar a aquellos pacientes que padecen trastornos de sus estructuras cerebrales y que están relacionados con las emociones, que tienen algo que ver con las emociones, no sólo la depresión sino también el trastorno provocado por un estrés post-traumático, en parte también los trastornos por ansiedad, los individuos que han padecido traumas a causa de abusos u otras causas, por lo que tenemos un amplio horizonte a la hora de aplicar de forma más sistemática y generalizada la música como terapia.

    Los niños con autismo

    Eduard Punset:

    He leído algo en alguno de tus artículos sobre los niño con autismo. Parece que escuchan o aprehenden la música igual que los niños que no poseen esta condición. ¿Es posible? Quiero decir, ¿sienten la música del mismo modo? ¿No existe la diferencia que sí que encontramos en el caso del lenguaje o en su capacidad para empatizar con otros o…?

    Stefan Koelsch:

    De momento es muy difícil contestar a tu pregunta porque no tenemos suficientes estudios neurológicos sobre la relación entre niños con autismo y la música.

    Pero lo que sí sabemos es que los niños con autismo sienten un gran interés por la música y son propensos a componer música con otros. En entornos terapéuticos también es cierto que resulta difícil comunicarse con ellos a través del lenguaje, en cambio, es más fácil hacerlo a través de la música.

    Eduard Punset:

    De la música.

    Stefan Koelsch:

    De hecho, algunos de nuestros estudios han probado que la música puede comunicar información, no es algo que simplemente crean los terapeutas de la música y que no tenga base científica.

    También estamos determinando qué instrumentos musicales pueden fomentar la empatía y el reconocimiento de las emociones; es algo que estamos probando con niños autistas pero también dentro del currículum escolar de los niños en general porque es una forma divertida de experimentar las emociones, de aprender a reconocer las emociones y otras cosas, de encontrar nuevas formas de expresar las emociones, de ampliar el vocabulario referente a las emociones.

    El elemento social de la música

    Eduard Punset:

    Lo realmente fascinante es esa cohesión social que tú señalas en la música, no es tanto una cuestión individual, como cree mucha gente, sino que el impacto es social y une a la gente. Es algo tremendamente social, ¿verdad?

    Stefan Koelsch:

    Sí, y no sólo es cierto sino que creo que es una de las cosas especiales que tiene la música, uno de los grandes poderes de la música. La música despierta en nosotros todas esas funciones sociales cuando la hacemos juntos.

    Como humanos, somos una especie social y no podríamos haber sobrevivido a lo largo de la evolución sin cooperar ni comunicarnos, si no hubiésemos manifestado un comportamiento social con otros individuos.

    Mientras hacemos música, volvemos a vivir todas esas experiencias y ponemos en marcha todas esas funciones sociales, es decir, averiguamos qué quiere el otro o qué intenta o qué desea o qué cree, sin que nos lo diga explícitamente.

    Hay experiencias emocionales en las que después de hacer música juntos, todos nos sentimos felices mientras antes, en cambio, quizás estábamos enfadados.

    Y el resultado de todo ello es esa especie de cohesión social, nos gustamos más que antes, estamos más unidos que antes, confiamos más los unos en los otros, pensamos que el otro nos ayudará cuando nos sintamos solos o tengamos un problema.

    Eduard Punset:

    ¿Podríamos decir que si habláramos menos y escucháramos más música habría más altruismo en la sociedad?

    Stefan Koelsch:

    Creo que deberíamos hacer ambas cosas, si bien es cierto que existen algunas sociedades donde, si dos personas están enemistadas y acuden a los tribunales –no es un tribunal real porque no tienen la organización social que tenemos nosotros– se espera de ellos que canten, no pueden pelearse.

    Bueno, pueden exponer el motivo del enfrentamiento pero tienen que cantar el motivo de la pelea.

    Eduard Punset:

    Así es, resulta increíble.

    Stefan Koelsch:

    Porque la gente no puede mentir con la misma facilidad cuando canta y se enfrentan unos a otros de una manera mucho más cooperativa, de un modo que tiene mucho más sentido que cuando simplemente nos gritamos.

    ¿Nacemos con la música?

    Eduard Punset:

    Esto me lleva a una pregunta muy importante para la que imagino que aún no tienes una respuesta definitiva. Me gustaría saber si se trata de una capacidad innata o si es algo que adquirimos, quiero decir, la capacidad de entender la música.

    Hay un famoso experimento –algunos miembros de tu equipo participaron en él también– que muestra cómo bebés de sólo tres días pueden reaccionar a la música. Así que, realmente, si alguien que tiene sólo tres días puede reaccionar a la música probablemente estamos hablando de algo que es innato, ¿no?

    Stefan Koelsch:

    Estoy totalmente convencido de ello, sí. Somos de forma innata, desde lo más profundo de nuestra naturaleza, criaturas musicales, muy musicales, todos nosotros. Y hay una buena razón para ello: además de que nos permite desempeñar todas esas funciones sociales mientras hacemos música, también necesitamos esas capacidades para aprender a hablar.

    Cuando nacemos, no sabemos qué significa “pechos”, “leche”, “beber” o “sorber”, pero aprendemos a hablar al escuchar los sonidos musicales del lenguaje y así es como los niños aprenden a hablar, escuchan la música del habla y al hacerlo también entienden el lenguaje. No es el único aspecto del lenguaje que…

    Eduard Punset:

    Que aprenden.

    Stefan Koelsch:

    Sí, no es el único aspecto del lenguaje que aprenden pero, evidentemente, es algo muy importante. Afortunadamente somos muy musicales porque sino nos costaría mucho aprender a hablar o aprender idiomas.

    Eduard Punset:

    Es gracioso porque lo que dices es que hay una especie de canción, una especie de forma musical de hablar con los bebés como lo hacen las cuidadoras: “ah, ah, ah, ah, ha, ha, ha”, ya sabes, en realidad no les hablas, más bien les cantas.

    Y según parece, dices que esto es lo que entiende el bebé. Se ha demostrado que cuando las madres hacen “tanananananana” al hablar con sus hijos, esto es muy bueno.

    Stefan Koelsch:

    Bueno, está claro que para que nos entiendan es importante jugar con la entonación. No sólo los adultos se entienden mucho mejor cuando no hablan con una voz monocorde sino que le ponen una cierta entonación y ritmo.

    En el caso de los niños, también es muy importante pues hay estudios que demuestran que si los padres no hablan con sus hijos jugando con la entonación los niños son mucho más susceptibles de padecer trastornos del habla y del lenguaje.

    Eduard Punset:

    Es increíble, ¿verdad? Es fantástico.

    Stefan Koelsch:

    Sabes, sólo con escucharte –“increíble”, “¿acaso no es fantástico?”, “increíble”, “¿acaso no es fantástico?”–, ya hay un cierto ritmo y, además, tienes una voz muy melódica, tu voz sube y baja, sabes, me muestras subiendo y bajando el tono, yendo más rápido y más despacio, dónde están los límites de las frases, dónde se acaba la frase, cómo te sientes, cuánto deseas que algo ocurra, qué deseas, cuáles son tus intenciones, y cosas semejantes.

    Eduard Punset:

    ¿A quién se le ocurriría entonar una melodía para pedir una pizza en el restaurante? Hasta hace poco, creíamos que la música solo servía para transmitir emociones, pero Koelsch ha demostrado que también puede comunicar información semántica, como las palabras.

    Si después de oír la frase “me gusta el café con azúcar” nos dan a elegir dos palabras (“leche” o “cortina”), siempre escogeremos “leche” porque tiene más coherencia semántica con la frase. Esa coherencia desata una reacción en el cerebro que se puede medir y que sucede también al escuchar música.

    Por eso, después de escuchar el Terceto de cuerdas de Schönberg, todo el mundo elige la palabra “aguja”. Resulta que Schönberg había dicho que esa música era una descripción de las punzadas que había sentido durante un infarto.

    Stefan Koelsch:

    A menudo, cuando hablamos de emociones utilizamos palabras para referirnos a algo que sentimos en nuestro cuerpo. Wittgenstein lo denominó “Empfindung” (“sensación”, en castellano).

    Ahora bien, cuando utilizo una palabra para referirme a una sensación de mi cuerpo y tú utilizas la misma palabra, ¿cómo puedo estar seguro de que nos estamos refiriendo a lo mismo? Dado que no existe una correspondencia unívoca en el cerebro entre nuestras sensaciones, por un lado, y nuestros centros lingüísticos, por el otro, tiene que producirse una transformación de la información desde las sensaciones al…

    Eduard Punset:

    Lenguaje

    Stefan Koelsch:

    Al código lingüístico.

    Eduard Punset:

    Y nunca se sabe…

    Stefan Koelsch:

    Y nunca se sabe. Pero, ¿y si utilizamos la música?, ¿y si utilizo la música para evocar algo en ti, sensaciones o “empfindung” que se parezcan a los “empfindung” y sensaciones que tengo en mi cuerpo?

    A veces, la música puede hacerlo mejor. Con la música podemos comunicar esa información incluso sin que se vea distorsionada por las palabras.

    Eduard Punset:

    De hecho, a menudo le digo a la gente o les recuerdo que el lenguaje no es como ellos creen, algo para hacerse entender sino que es un instrumento maravilloso para confundir a los demás. Creo que en el caso de la música no se puede decir lo mismo, es más veraz.

    O sea que, realmente, si niños que sufren autismo pueden comunicar con otros mediante la música de una manera que no lo pueden hacer con las palabras, si ellos pueden empatizar, ponerse en el lugar de los demás entonces, yo creo que no hay ninguna duda de que no tienen más que ganar con la música y no es seguro que siempre sea así con las palabras.

    Publicado en http://www.rtve.es

    Científicos recomiendan asistir a espectáculos de danza y música para mejorar nuestra salud física y emocional

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    Investigadores de la Universidad de Granada, en colaboración con la compañía de circo contemporáneo Zen del Sur, han recomendado asistir a espectáculos de danza y música para mejorar nuestra salud física y emocional.

    MADRID, 10 (EUROPA PRESS)

    Investigadores de la Universidad de Granada, en colaboración con la compañía de circo contemporáneo Zen del Sur, han recomendado asistir a espectáculos de danza y música para mejorar nuestra salud física y emocional.

    Este consejo lo han realizado tras analizar por primera vez desde un punto de vista científico cuál es el impacto emocional y fisiológico que ejercen sobre los espectadores las artes escénicas, concretamente una representación de música y danza.

    Para ello, los autores han diseñado un programa de intervención consistente en la observación de un espectáculo de danza-circo con música en directo, así como la realización de una serie de ejercicios relacionados con la identificación de recursos expresivos de movimiento y musicales.

    En concreto, en un estudio piloto pionero, los investigadores han demostrado que asistir con frecuencia a espectáculos artísticos de este tipo puede mejorar notablemente la calidad de vida y la salud de los pacientes, ya que las artes escénicas pueden ayudar a prevenir enfermedades cardiovasculares y emocionales.

    Su trabajo ha revelado que incluir las artes escénicas como un hábito de vida puede ser muy beneficioso para la salud, no sólo como forma de ocio y de entretenimiento, sino también como una herramienta que contribuye al bienestar y la gestión emocional, y al desarrollo de las habilidades comunicativas a través del uso del lenguaje corporal y sus recursos expresivos, a diferencia de otras actividades como el ocio digital o las redes sociales.

    Para llevar a cabo este trabajo, los científicos realizaron un experimento con alumnos de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la UGR, que asistieron como espectadores a varias representaciones de música y danza a cargo de la compañía Zen del Sur, pionera en España por aunar arte y ciencia.

    INCREMENTAN LA FRECUENCIA CARDIACA 

    A los participantes se les registró mediante pulsómetros la frecuencia cardiaca (Fc) durante el espectáculo, y se les aplicaron una serie de cuestionarios para medir su estado de ánimo en el transcurso del mismo. Los resultados han mostrado que los sujetos reaccionaron fisiológica y emocionalmente a las diferentes escenas del espectáculo, incrementándose su Fc en los momentos de mayor tensión de los bailarines-acróbatas y reduciéndose en aquellos momentos donde la música y los movimientos de los artistas se ejecutaban a una intensidad suave y tiempo lento,

    “Nuestro trabajo ha confirmado que existe una correlación directa entre el impacto emocional y el fisiológico, es decir, entre lo que los espectadores afirmaban haber sentido de forma subjetiva al presenciar el espectáculo (independientemente de que éste les gustara o no) y lo que la medida objetiva de su frecuencia cardiaca nos indica”, han explicado los investigadores.

    Y es que, los resultados muestran diferencias significativas sobre la autoestima (,046) y sobre el factor tensión (,058) y fatiga (,000) del perfil de estados de ánimo (POMS) de los participantes, es decir, una reducción en estas dos variables emocionales que se corresponde con un descenso de la Fc en fragmentos temporales concretos de la obra y responde a la intención narrativa de los artistas, ya que la obra intentaba describir un sendero hacia un estado emocional de equilibrio y tranquilidad a través del diálogo entre música, movimiento y el control corporal.

    danza música
    “Es posible modificar el estado de ánimo del espectador mediante la danza y la música, y de que el contacto con este tipo de actividades artísticas puede incidir positivamente sobre la salud. Este es un recurso que la Ciencia debe aprovechar para elaborar programas de intervención que ayuden a mejorar la calidad de vida de las personas”, han apuntado los expertos.

    Con información de: http://noticias.lainformacion.com/

    Banda de punk compuesta por personas con autismo y down

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    Finlandia, cuna ferviente del punk y metal, hogar de Pertti Kurikan Nimipäivät banda conformada por Pertti Kurikka (guitarrista), Kari Aalto (vocal), Sami Helle (bajista) y Toni Välitalo (baterista), juntos se encargan de hablar del jodido mundo, maldiciéndolo y exigéndole más cerveza. 

    La banda surgió en el 2004, sus primeros actos fueron en eventos de caridad destinado a adultos con discapacidad, a partir de allí se han convertido en toda una sensación nacional, hoy en día tocan junto a la ‘escena’ local y comienzan adoptar gran número de fans llevándolos tanto a festivales de punk como a presentaciones fuera de su país.

    En el 2012 se les dedicó un documental, el cual nos permite conocer la personalidad de cada integrante, unos padecen autismo y otros síndrome de down, pero eso no importa para convertirse en estrellas. Existen disputas, amistad, gozo, hartazgo y satisfacción en sus presentaciones, pero la música es el canal más noble que permite su desahogo.

    Sami Helle (bajista) a través de una entrevista detalló:

    Tenemos un pensamiento distinto a la perspectiva en la música punk; es nuestra perspectiva. Somos diferentes; somos cuatro chicos con discapacidad mental, por lo que nuestra perspectiva sobre el mundo del punk es un poco diferente.

    Hoy en día la banda se encuentra en gira por Alemania, Noruega, Reino Unido y Estados Unidos.

     Publicado en sopitas.com

    Lo que su gusto musical dice de usted

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    La psicología experimental concluye que basta saber el ‘estilo de pensamiento’ de alguien para adivinar qué canciones le emocionan.

    ¿Hay algo más personal que tus gustos musicales? Esas canciones que te llegan al alma o te ponen a cien, que alcanzan el centro geométrico de tu emoción y alteran sin intermediarios tu estado de ánimo, ¿no son el producto más destilado de tu elección consciente? Bien, pues, en una palabra, no. Los psicólogos experimentales de Cambridge han demostrado que los gustos musicales de la gente son harto predecibles. Basta conocer el estilo de pensamiento de una persona —si tiende a empatizar o a sistematizar— para adivinar qué música le gusta. Y los pormenores son muy interesantes, sigue leyendo.

    La cuestión no es si a uno le gusta el jazz o el tango, la clásica o el calipso, el rock o el pop. Esas son unas cuestiones no solo vastas, sino también bastas: la clase de pregunta cuya respuesta no sirve para nada. La cuestión es mucho más sutil e interesante: si dentro del jazz lo que te gusta es Billie Holyday o es John Coltrane; si como oyente clásico prefieres a Mozart o a Bartok; si al escuchar pop te ponen los Beatles o los Stones, y qué canciones de los Beatles o los Stones. El diablo mora en los detalles. Siempre lo hace.

    Los llamados empatizadores son más de Mozart y los sistematizadores se quedan con Bartok

    David Greenberg y sus colegas de la Universidad de Cambridge muestran empíricamente en PLoS ONE que la música que le gusta a una persona se puede deducir fácilmente de suestilo de pensamiento, un parámetro psicológico que divide a los humanos en dos grandes categorías: los empatizadores, que basan su comportamiento en evaluar y responder a las emociones de los demás (y, por tanto, son más de Mozart); y los sistematizadores, que se dedican más bien a descubrir las pautas y regularidades que esconde el mundo (y se quedan con Bartok). Esta teoría se debe al psicólogo de Cambridge Simon Baron-Cohen, que firma el trabajo como segundo autor.

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    Un número creciente de investigaciones psicológicas y sociológicas utilizan como materia prima las redes sociales, y la de Greenberg y sus colegas es la última de ellas. Han reclutado a 4.000 participantes mediante la aplicación myPersonality de Facebook, que pide a los voluntarios someterse a una serie de cuestionarios psicológicos. Unos meses después, los científicos piden a esos mismos voluntarios escuchar 50 piezas musicales y ponerles nota. Las piezas pertenecen a 26 géneros y subgéneros musicales, para asegurar que el género da igual, y que son las preferencias dentro de cada género las que cuentan.

    Los resultados son estadísticamente nítidos: los empatizadores prefieren el rythm & blues, el rock suave —nadie ha compuesto baladas más sentidas que las fieras del heavy—, la canción melódica y los cantautores. Los sistematizadores prefieren darle al rock duro, el punk, el jazz de vanguardia y otras construcciones melódicas complejas y sofisticadas, la clase de música que nunca se oye en un ascensor. Seguro que el lector ya sabe en cuál de los dos grupos se sitúa.

    El cerebro y primer autor del trabajo, David Greenberg, no solo es un doctorando en psicología, sino también un saxo tenor de jazz formado en Nueva York. “Sería posible”, dice a EL PAÍS, “mirar a loslikes de Facebook de una persona, o a sus listas de reproducción en iTunes, y predecir su estilo cognitivo, o estilo de pensamiento”. No cabe la menor duda de que esto interesará a los empresarios del sector. Que, por cierto, obtendrán esa información gratis de Greenberg y PLoS, mientras que ellos no sueltan ni media.

    Los empatizadores prefieren el rock suave y los cantautores. Los sistematizadores le dan al rock duro y al punk

    Uno de los parámetros que utilizan los científicos de Cambridge es la “profundidad cerebral” de una canción. ¿Qué es eso? “Se basa en la complejidad estructural que suele escucharse en los géneros de vanguardia”, responde el psicólogo yjazzman. “La estructura armónica de Giant Steps [la cima del periodo hard bop de John Coltrane] cumple sin duda esas características. Pero la música de Coltrane es tan interesante porque no solo tiene todo ese nivel de profundidad cerebral, sino también una gran profundidad emocional”.

    El psicólogo Greenberg jamás habría concebido este experimento de no ser por el músico Greenberg. “Mientras estudiaba jazz en Nueva York, me di cuenta de que algunos de mis profesores enseñaban con un enfoque empatizador, y otros con una estrategia mássistematizadora. Eso me dio la pista de que los estilos cognitivos podrían explicar las diferencias individuales en que la gente interactúa con la música”.

    Si te molesta desnudarte en público, evita poner música en las fiestas.

    Publicado en: elpais.com

    El hombre ciego y con autismo que toca decenas de miles de canciones al piano

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    Comprender las asombrosas habilidades del pianista Derek Paravicini, afectado por el síndrome de savant, puede ayudar a entender los procesos de memoria y aprendizaje humanos

    derek-paravicini-630x385Cuando Derek Paravicini nació, cabía en la palma de una mano. Su llegada al mundo se adelantó tres meses y medio y la terapia con oxígeno que fue necesaria para salvar su vida le dejó ciego para siempre y afectó al desarrollo de su cerebro. Hoy, 34 años después, Paravicini vive con autismo severo, tiene dificultades para contar más allá de 10, pero es un virtuoso pianista y, asombrosamente, toca de memoria decenas de miles de canciones, ya que obviamente no puede leer partituras. Y las toca en cualquier estilo o tono.

    Paravicini, que esta tarde ofrece un concierto en Madrid, es una persona con savant (sabio, en francés), un síndrome habitualmente relacionado con trastornos del espectro autista que se caracteriza por unas capacidades extraordinarias, casi increíbles, en áreas muy específicas de la vida, como la música, la pintura, la memoria o el cálculo matemático. Muchos expertos creen que no llegaremos a comprender la memoria y el aprendizaje humanos hasta que no entendamos qué ocurre en el cerebro de los savants. Hasta el 10% de las personas con autismo tienen algunas cualidades de savant, frente al 1% de la población general, según algunas estimaciones.

    “Si es una pieza sencilla, como es la música popular, a Derek le basta con escucharla una vez para poder interpretarla”, ha explicado esta mañana Adam Ockelford, su profesor de música durante casi 30 años, que sigue mirando a su alumno con fascinación pese al paso de las décadas. Ambos están en Madrid para impartir un taller de creatividad y dar un concierto, invitados por la Fundación Orange, una entidad con varios proyectos para facilitar la vida de las personas con autismo a través de la tecnología.

    Tocando con la nariz

    Paravicini y Ockelford se conocieron cuando el hoy pianista tenía cinco años. Ockelford era profesor de música en la escuela Linden Lodge para ciegos en Londres. “Yo estaba tocando el piano, apareció Derek, me empujó y empezó a tocar él. No podía ver, así que no sabía cómo se tocaba el piano. Utilizaba golpes de artes marciales, los codos y hasta la nariz para tocar el teclado”, recuerda.

    De aquella época hay grabaciones estremecedoras, en las que ya se aprecia el oído absoluto de Paravicini para la música y su capacidad para comunicarse con el mundo a través del piano, incluso aporreando el teclado con la nariz. “Para Derek, la música es un pegamento social. Nunca toca el piano solo”, recalca Ockelford, cansado de que en ocasiones en la prensa se tache al pianista savant de “iPod humano”, como si sólo fuera un reproductor digital de decenas de miles de canciones. “Derek no sólo imita una música, sino que introduce su personalidad. E improvisa. Eso es lo que le hace especial. Hay un mito que dice que las personas con autismo no son creativas, pero es mentira. Todos los niños con los que he trabajado sentían muchas emociones y las querían expresar con arte”, clama el profesor.

    En España hay unas 200.000 personas con algún trastorno dentro del espectro autista, según cifras del Instituto de Salud Carlos III. En el mundo podría haber hasta 67 millones. Los savants son minoría, pero célebres en muchos casos, como el de Kim Peek, la persona que inspiró el personaje protagonista de la película Rain Man. Peek no era autista, como aparece en el filme, pero sí savant. Nació con trastornos en el cerebro que le impedían razonar con normalidad e incluso lavarse los dientes, pero podía leer las dos páginas de un libro abierto en unos segundos, cada una con un ojo. Peek, fallecido en 2009, leyó unos 12.000 libros a lo largo de su vida y recordaba prácticamente todo lo que había leído, incluyendo el número de página en el que aparecía un personaje.

    Mirando al lado derecho del cerebro

    La razón por la que algunas personas con autismo tienen habilidades de savant se desconoce, aunque hay muchas hipótesis. El neurólogo estadounidense John Hughes, en un estudio en el que comenta el caso de un savant que recuerda 22.514 cifras del número Pi, apoya la teoría de que las capacidades extraordinarias surgen tras una lesión en el área frontotemporal izquierda del cerebro, situada en la frente y el lateral del cráneo. “Este tipo de lesión parece inhibir la tiranía del hemisferio izquierdo, permitiendo que el hemisferio derecho desarrolle las habilidades de los savant”, explica Hughes, profesor de neurología en la Universidad de Illinois.

    El diccionario de la Real Academia Española define el autismo como “síndrome infantil caracterizado por la incapacidad congénita de establecer contacto verbal y afectivo con las personas y por la necesidad de mantener absolutamente estable su entorno”. Es una definición que irrita a las familias de personas con autismo hasta tal punto que han presionado hasta conseguir el compromiso de que se modificará. En el caso de Paravicini, es obvio que esa supuesta “incapacidad congénita de establecer contacto verbal y efectivo” es mentira. “Derek ama la música, pero también ama a las personas”, afirma Ockelford. “Amo a las personas, sí”, remacha el propio Paravicini, antes de sentarse a improvisar en su piano.

    Publicado en: esmateria.com

    VÍDEO | Charla TED de Adam Ockelford y Derek Paravicini /

    Ejemplos históricos de las Matemáticas en la Música

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    Es prácticamente desconocida la aplicación de algunos conceptos matemáticos a otros aspectos de la Música como son el análisis, los aspectos estéticos, la composición y la Teoría Matemática de la Música. A continuación veamos cómo algunos matemáticos y músicos han aplicado conceptos matemáticos en la Música a lo largo de la historia.

    Mozart

    Wolfgang Amadeus Mozart nació en (Salzburgo, actual Austria; 27 de enero de 1756 – Viena; 5 de diciembre de 1791), es considerado como uno de los más grandes compositores de música clásica del mundo occidental. A pesar de que murió muy joven (apenas a los 35 años), nos ha legado una obra tan importante que abarca todos los géneros musicales de su época. Según el testimonio de sus contemporáneos era, tanto al piano como al violín y la viola, un virtuoso.

    fig 7.1

    Mozart, en 1777, a los escasos 21 años de edad, escribió un “Juego de Dados Musical para escribir valses con la ayuda de dos dados sin ser músico ni saber nada de composición”. Escribió 176 compases adecuadamente y los puso en dos tablas de 88 elementos cada una:

    fig 7.2

    El juego comienza lanzando los dos dados, de tal manera que tenemos 11 números posibles (del 2 al 12) y hacemos 8 tiradas obteniendo distintos compases excepto los de la última columna que son iguales (éstos últimos con dos posibilidades: una para la repetición y otra para continuar con la segunda tabla. La segunda tabla es igual a la primera excepto que tiene otros 88 compases con los de la última columna idénticos.

    Así, mediante un simple cálculo, utilizando conceptos del Álgebra Superior, se tienen 1114 valses diferentes, es decir, aproximadamente 3.797498335832 (10e14) valses diferentes. Si se toca cada vals, con repetición de la primera parte, en 30 segundos, se requerirían de 30(11e14) segundos, es decir, 131,857,581,105 días aproximadamente, o bien, 361,253,646 años aproximadamente en tocarlos todos uno tras de otro ininterrumpidamente. Es decir, un estreno mundial de una obra de Mozart cada 30 segundos a lo largo de ¡361 millones de años! (Recuérdese que la antigua edad de piedra comenzó hace unos 35,000 años).

    Juego de los dados

    Mozart era un aficionado a la matemática y su enorme talento se mostró una vez más. Con este juego tan sencillo ¡dejó la imposibilidad de que intérprete alguno pudiera tocar su obra completa o de que alguna compañía de discos la grabara!

    Aún más, nos muestra qué poca idea tenemos de los números grandes como 30(11e14). Existieron y existen compositores que creen que ya todo está agotado con la armonía tradicional, y que por lo tanto hay que buscar un nuevo estilo de música. (Mozart, para este juego, solamente utilizó 176 compases). Aún en estos días, con computadoras y Combinatoria no se podría manejar una pequeña porción de motives musicales puesto que la cantidad de clases de isomorfismo es exorbitante. Por ejemplo, la formula de Fripertinger da un número de órbitas afines de 72 elementos motívicos, que es del orden de 10e36. El número de estrellas en una galaxia está estimado en 10e11. Así, el universo musical es un serio competidor contra el universo físico. También, el uso de métodos estadísticos es requerido para atender la enorme variedad de casos. Ni siquiera las computadoras de la próxima generación podrían manejar todos los casos.

    Yáechik había dicho una vez que llegaría un día, dentro de tal vez miles de años, en el que los seres humanos hablarán con música, y Yárchik lo repite siempre con la misma seguridad. Dice que la música contiene mucha más información que las simples notas. Y que no es una cuestión de simples sentimientos, sino de matemáticas. Que sólo hace falta que el cerebro desarrolle la capacidad de producir y leer esa información. Que algunos, como Mozart, podían hacerlo, y que en su música siguen vivos los mensajes, esperando las mentes que lleguen a ser capaces de leerlos” (Gonzalo Moure, “El síndrome de Mozart”, Edciones SM, 2003,pág.57).

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    George Birkhoff

    George David Birkhoff (1884-1944) fue el más importante matemático estadounidense del siglo XX.

    fig 7.3

    En 1924 George David Birkhoff (quien trabajó brillantemente en el Problema de los tres cuerpos, Ecuaciones Diferenciales, Teoría General de Relatividad entre otras áreas, miembro honorario de la Sociedad Matemática Mexicana y contribuyente al desarrollo cultural de México) retoma unas ideas que había tenido años atrás pero que no desarrolló por dedicarse exclusivamente a estudios puramente matemáticos.

    Pensó que la melodía dependía del orden de las notas escuchadas por el oído. Le pareció que podrían establecerse unas relaciones de orden, guardadas por las notas, y así poder escoger las mejores melodías.

    Para él, el problema fundamental de la Estética era el de determinar, para una clase de objetos, las características específicas de las cuales depende el valor estético. Birkhoff considera que hay tres fases consecutivas para la experiencia estética: primero, un esfuerzo preliminar de atención, el cual es necesario para percibir el objeto y que es proporcional a la complejidad C del objeto; segundo, una sensación placentera o medida estética M la cual recompensa este esfuerzo preliminar; y tercero, una certificación de que el objeto posee una armonía, simetría u orden O el cual parece una condición necesaria, si no es que suficiente, para la experiencia estética.

    Así, Birkhoff propone la fórmula M=O/C mediante la cual expresa la medida estética como el efecto de la densidad de las relaciones de orden comparadas con la complejidad.
    El mismo inquiere lo atrevido de esta fórmula y proporciona algunas justificaciones históricas.

    La Estética trata del placer estético y con los objetos que lo producen. Así es que tenemos clases de objetos los cuales pueden ser comparados con respecto a su valor estético (los de clases diferentes no pueden ser comparados). Luego, el problema fundamental de la Estética Analítica es el de determinar los factores estéticos y su importancia relativa.

    Percibir un objeto estético requiere de ciertos ajustes y la sensación de esfuerzo o tensión que acompaña siempre a la percepción aparece como la suma de las tensiones a los diversos ajustes automáticos. Así, si A, B, C,… representan estos ajustes, cada uno con tensiones a,b,c,… y si éstas se realizan r,s,t,… veces podemos considerar la suma C=ra+sb+tc+… como la complejidad.

    Por otro lado, el orden O corresponde a ciertas asociaciones que intervienen en el acto de percepción. Por ejemplo, la simetría sería una asociación. Si L,M,N,… son asociaciones de varios tipos, cada una con índices de sensación l,m,n,… las cuales ocurren u,v,w,… veces, entonces podemos considerar el total de sensaciones (positivo o negativo O=ul+vm+wn+… como el orden del objeto. Así, la estimación intuitiva de la cantidad de orden O inherente al objeto estético, comparado con su complejidad C, nos proporciona su medida estética.

    Obviamente esta teoría matemática solo puede aplicarse a objetos cuyos factores estéticos sean esencialmente matemáticos o formales. Hay otros factores que están más allá de esta teoría, como por ejemplo, las asociaciones acerca del significado de un poema hermoso.

    También aplica su fórmula a los acordes diatónicos, armonía y melodía así como a la calidad musical en la poesía. En el caso musical, su teoría está basada en las relaciones de orden entre las notas y puesto que la apreciación de tales relaciones continuamente cambia y se desarrolla, no trata de formar una teoría definitiva de la medida estética que sea válida para el futuro o el pasado. Más bien, considera que el problema principal de la forma musical es el de que dado un conjunto de recursos musicales debemos determinar hasta qué grado las relaciones de orden entre las notas de una composición constituyen una base eficiente de
    disfrute musical.

    Leibniz

    Gottfried Wilhelm von Leibniz (1 de julio, 1646 – 14 de noviembre, 1716) fue un filósofo, matemático, jurista y político alemán, de origen sorbio, nacido en Leipzig en julio de 1646.

    Educado en leyes y filosofía, Leibniz jugó un importante papel en la política y diplomacia europea de su época. Ocupa un lugar igualmente grande en la historia de la Filosofía y en la de las Matemáticas. Descubrió el cálculo infinitesimal, independientemente de Newton, y su notación es la que se halla desde entonces en uso general. También inventó el sistema binario, en que se basan casi todas las arquitecturas de computación actuales.

    fig 7.4

    Durante el siglo XVII y principios del XVIII prevalecieron los conceptos de “ingenio” y “buen gusto”. En éste último está implícito un esfuerzo de atención, luego un juicio estético intuitivo dependiendo del buen gusto y finalmente el análisis.

    Leibniz pudo admitir las percepciones y juicios estéticos como parte del saber y definió la Música como el contar sin saber que se está contando. Esto último concuerda con el concepto de Birkhoff en el sentido de que la densidad de ciertas relaciones ordenadas entre las notas consideradas intuitivamente, miden el efecto estético.

    De Crousaz, Rameau y D’Alembert

    De Crousaz escribe, que el buen gusto nos hace apreciar, al principio, por sensaciones, aquello que la razón hubiera aprobado.
    Rameau observó que una nota musical está compuesta por un sonido fundamental y varias parciales, y que las notas que difieren por una octava son similares en cuanto a su efecto estético y pueden considerarse casi idénticas. Estos hechos conducen al entendimiento de la música occidental.

    Fue d’Alembert quien dio una clara presentación del trabajo de Rameau (el cual es cualitativo, a diferencia del tratamiento cuantitativo de Birkhoff). Así, el grado de armonicidad es distinto del agrado o medida estética. Por ejemplo, el unísono y la octava son los más armoniosos de los intervalos pero no los más agradables

    Euler

    Leonhard Euler nació el 15 de abril de 1707 en Basilea, Suiza. Murió el 18 de septiembre de 1783 en San Petersburgo, Rusia. Vivió en Rusia la mayor parte de su vida. Probablemente fue uno de los más grandes matemáticos de la historia, comparable a Gauss, Newton o Arquímedes.

    Perdió la vista de un ojo durante un experimento en óptica, y en 1766 la vista del otro, ya de mayor. Pasó los últimos años de su vida ciego, pero siguió trabajando. Se le considera el ser humano con mayor número de trabajos y artículos en cualquier campo del saber, solo equiparable a Gauss.

    Posiblemente es el matemático más prolífico de la historia. Muchos trabajos se los dictó a su hijo mayor cuando ya estaba ciego. A pesar de que su actividad de publicación era incesante (un promedio de 800 páginas de artículos al año en su época de mayor producción, entre 1727 y 1783), la mayor parte de su obra completa está sin publicar.

    fig 7.5

    Euler, en 1739, desarrolló una teoría de consonancia basada en la ley pitagórica. Entre más pequeños sean los números que expresan la relación de vibración de dos notas, éstas serán más consonantes.

    De ésta forma, Euler estableció un criterio de armonicidad de cualquier intervalo o acorde que concuerda con los hechos observados. Es interesante que Euler formulara una ley cuantitativa para la medida de la armonicidad.

    Así, el concepto general de Euler acerca de la naturaleza del goce estético concuerda completamente con el de Birkhoff, que en palabras de Helmholtz años después, establecían que entre más fácilmente percibamos el orden que caracteriza a los objetos contemplados, estos parecerán más simples y perfectos, y más fácil y gozosamente los reconoceremos. Un orden que cuesta trabajo descubrir, aunque ciertamente nos halague, asociará cierto grado de desgaste y tristeza.

    Fibonacci

    Leonardo de Pisa o Leonardo Pisano o Leonardo Bigollo (c. 1170 – 1250), también llamado Fibonacci, fue un matemático italiano, famoso por la invención de la sucesión de Fibonacci, surgida como consecuencia del estudio del crecimiento de las poblaciones de conejos, y por su papel en la popularización del sistema de numeración posicional en base 10 (o decimal) en Europa.

    Consciente de la superioridad de los numerales árabes, Fibonacci viajó a través de los países del Mediterráneo para estudiar con los matemáticos árabes más destacados de ese tiempo, regresando cerca de 1200.

    fig 7.6

    En 1202, a los 32 años de edad, publicó lo que había aprendido en el Liber Abaci (libro del ábaco o libro de los cálculos). Sobrevive la segunda edición del año 1228. Contenía casi todo el conocimiento aritmético y algebraico de esa época y jugó un papel fundamental en el desarrollo de la matemática occidental, pues a través de él, los europeos se familiarizaron con el sistema numérico indo arábigo.
    Contenía muchísimos ejemplos. Veamos uno de ellos, reformulado de la siguiente manera: suponga que los conejos no se reproducen durante su primer mes de vida, pero que a partir del segundo mes cada pareja de conejos produce un nuevo par. Suponga que ningún conejo muere. Si comenzamos con un par de conejos, ¿cuántas parejas de conejos hay a los doce meses y en general a los n meses? La sucesión de las parejas adultas es de la forma:

    1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89,144,233,377,…

    es decir, la sucesión dada por la fórmula u1=u2=1 y un=un-1+un-2 para n mayor o igual que 2. Esta sucesión se llama sucesión de Fibonacci y sus términos números de Fibonacci. Si consideramos bn=un+1/un como el cociente de crecimiento, obtendremos una
    sucesión, cuyo límite cuando n tiende a infinito es 1.618034…

    Este número, juega un papel muy importante en la Geometría y en la Estética. Si dividimos un segmento de recta AB en un punto C tal que AB:AC=AC:CB tal división se llama sección o razón áurea (Kepler la llamó proporción divina). Si AB=1 y AC=x entonces x2+x-1=0. Luego x=.618034…. Así, la parte mayor de cualquier longitud, dividida en razón áurea, es igual a la longitud total multiplicada por .618034….

    fig 7.7

    El número áureo, también denominado “número de oro”, “número dorado”, “sección áurea”, “razón áurea”, “razón dorada”, “media áurea”, “proporción áurea”, “divina proporción”, representado por la letra griega Φ (fi) (en honor al escultor griego Fidias), es el número irracional:

    \Phi = \frac{1 + \sqrt{5}}{2} \approx 1,618033988\,749\,894\,848\,204\, 586\,834\,365\,638\,117\,720\,309\,179\,805\, ...

    El número áureo en la Música

    Autores como Bártok, Messiaen y Stockhausen, entre otros, compusieron obras cuyas unidades formales se relacionan (a propósito) con la sección áurea. También aparece en las estructuras formales de las sonatas de Mozart, en la Quinta Sinfonía de Beethoven, en obras de Schubert y Debussý (estos compositores probablemente compusieron estas relaciones de manera inconsciente, basándose en equilibrios de masas sonoras).

    Estudios realizados acerca de la Quinta sinfonía de Beethoven (1770-1827) muestran como el tema principal incluido a lo largo de la obra, está separado por un número de compases que pertenece a la sucesión. También en varias sonatas para piano de Mozart (1756-1791) la proporción entre el desarrollo del tema y su introducción es la más cercana posible a la razón áurea.

    Relaciones matemáticas de este estilo se han encontrado también en la coral situada al final de Kunst der Fuge de Johann Sebastian Bach (1685-1750). En ella determinados motivos se repiten, por disminución a escalas menores, una y otra vez con distintas variaciones dentro de una región mayor de la pieza. Así, por ejemplo, varias voces repiten al doble de velocidad la melodía de la voz principal.

    El compositor mexicano Silvestre Revueltas (1899-1945) utilizó también el número áureo en su obra Alcancías, para organizar las partes (unidades formales).

    El grupo de rock progresivo norteamericano Tool, en su disco Lateralus (2001) hacen múltiples referencias al número áureo y a la secuencia Fibonacci, sobre todo en la canción que da nombre al disco, pues los versos de la misma están cantados de forma que el número de sílabas pronunciadas en cada uno van componiendo dicha secuencia. Además la voz entra en el minuto 1:37, que pasado al sistema decimal coincide muy aproximadamente con el número áureo.

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    Lateralus

    Bartok

    Béla Bartók (Nagyszentmiklós, Hungría -actualmente Sânnicolau Mare, Rumanía-, 25 de marzo de 1881- Nueva York, 26 de septiembre de 1945) fue un compositor, pianista e investigador de música folclórica de Europa del Este. Bartók fue uno de los fundadores del campo de la etnomusicología, el estudio de la música folclórica y la música de culturas no occidentales.

    fig 7.8

    Bela Bartok, alrededor de 1915 desarrolló un método para integrar todos los elementos de la música (escalas, estructuras de acordes con los motivos melódicos apropiados, proporciones de longitud, tanto de la obra en general como los de la exposición, desarrollo, reexposición, frases de conexión entre movimientos etc.) basado en la razón áurea.

    Bartok escribió que seguía a la naturaleza en la composición y que fue guiado indirectamente por fenómenos naturales para descubrir estas regularidades. Constantemente aumentaba su colección de plantas, insectos y especimenes minerales. El girasol era su planta favorita y se ponía muy feliz cuando encontraba piñas de abeto en su escritorio.

    Consideraba que la música folclórica también era un fenómeno de la naturaleza y que sus formaciones se desarrollaban tan espontáneamente como otros organismos vivientes: las flores, los animales, etc. Por esto su música le recuerda al oyente de escenas naturales. Por ejemplo, el girasol tiene 34 pétalos y sus espirales tienen los valores 21, 34, 55, 89,144.

    Su uso de los acordes también está basado en los números de Fibonacci. Por ejemplo, en semitonos, 2 es una segunda mayor, 3 es una tercera menor, 5 es una cuarta, 8 es una sexta menor y 13 es una octava aumentada, etc. Cuando Bartok utiliza acordes en un movimiento cromático, coloca la tercera menor sobre la cuarta justa de tal forma que el acorde adquiere la forma 8:5:3 y considerando una tercera menor, superponiéndole una cuarta seguida de otra tercera menor se obtiene su acorde característico mayor-menor.

    El Allegro Bárbaro es otra composición para piano solo en la cual Bartok utiliza los números de Fibonacci 2, 3, 5, 8, y 13 en diversas ocasiones, a diferencia de la música tradicional la cual utiliza 8 compases en casi todos los temas y múltiplos de 2 en los motivos y frases. También utiliza su círculo de tonalidades y la duración de la pieza es de 3 minutos.

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    Allegro bárbaro 

    Fuente:  Universidad de Valladolid

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