TRANSEÚNTE | Sí, debí haber estudiado francés | @Juanortiz_12

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Me encontraba en París de vacaciones luego de superar con excelentes notas el octavo semestre de la universidad. ¿Que cómo llegó un ñerito de Punta de Piedras a París? Bueno, les resumiré la historia:

Tenía unos ahorros producto de toques en locales con amigos y las ventas de mis artesanías en alambre y cuero. Era muy solicitado en Udone para ese entonces, tanto para cantar en la gramita las canciones de moda como por las prendas que elaboraba, eso me ayudó a reunir un buen dinero que, para ser sincero, no hubiese pensado invertir en un viaje a no ser por Sofía y Norma.

Estaba tomando un café donde Guaripete, el original -los verdaderos udistas le recordarán-, luego de una partida de fuchi con los panas Andrés, Dheymer y el Negro Anthony. Éramos unos duros en la materia, aunque a mí me tenían catalogado de “caimanero” por no perder el tiempo para lanzarle un mate a los nuevos que andaban descuidados mientras hacíamos la olla en la plaza. No había dado tres sorbos de mi late vainilla cuando siento unas manos que tapan mis ojos, no atiné un sólo nombre de los diez que dije hasta que escucho su voz y digo: -¡Sofi!-

Acto seguido me planta un beso en el cachete, luego se escucha, con un tono de voz muy animado que casi me convenció al instante:

-Mi Guari, ¡Vámonos a Madrid en mes y medio para visitar a Angélica!

Yo nunca había ido a Caracas, de vainita había ido al Puerto por una novia que tuve allá, ¿y me iba a ir a Europa? Un gran salto. Mi vida para ese entonces giraba, y aún gira, en torno a mis tres islas.

– Sofi, -Le dije- ¿Estás segura?, ¡Yo nunca he viajado ni a Caracas! ¿Y voy a ir al exterior?

– Mi Guari, Normita y yo te asesoramos, ¡Vamos vale! Además, ¡necesitamos un guarda espaldas! (Risas)

– Ok, déjame pensarlo…- le dije entre alegría y seriedad.

Esa noche llegué a casa a las 10:30 p.m. Trabajaba en El Guamache como depositario de medicamentos con mi hermano Alejo de 8:00 a.m. a 4:00 p.m. y estudiaba de 5:00 p.m. a 9:30 p.m.

Luego de ponerme cómodo y cenar algo suave -unas chuletas guisadas con arroz y tajada-, hablé con mama (si, sin acento, así le decimos en mi pueblo, y a los que se ponen exquisitos les decimos que es debido a nuestros ancestros italianos que, por supuesto, no existen).

-Mujer, hoy una amiga me dijo que nos fuéramos de vacaciones a Madrid, pero no sé…

-Vete- me dijo Gloria, a secas, apenas terminé de hablar.

-Pero ma…

-Vete- Esta vez ni siquiera me dejó completar la frase…

-Ok, está bien.

-Mijo, aprovecha tu juventud y disfruta, conoce- me dijo.

Esa noche llamé a Sofía y le confirmé.

Siempre he creído que Dios no juega a los dados. Un mes antes había sacado mi pasaporte, más por moda que por querer usarlo, y miren pues: ya estaba preparando todo para irme al viejo continente dos meses y medio después.

Nunca he tenido tarjeta de crédito, de hecho aún no tengo, y en aquel momento adquirir divisas no era tan cuesta arriba como ahora. El dólar paralelo valía 4 bolívares y el euro valía 5 bolívares. Contacté a mi hermano Rafael Ríos y me vendió 500$ y a una amiga de mi mamá le compré 1000€. No, no se asombren, no era millonario, si bien ganaba algo extra con las prendas, nuestra economía en aquel entonces era la más estable de Latinoamérica. Me dirigí a Mazzochi por los boletos, cuadré con las chicas para coincidir en la ida y vuelta. Este Ñero, pues, ya tenía un pie en su isla y otro en Europa.

Todo fluyó, llegamos a Madrid sin inconvenientes. Angélica nos recibió en el aeropuerto de Barajas, tomamos el metro hasta las afueras de la capital y en 35 minutos estábamos en Villa Viciosa de Odón. ¡Qué nombrecito!

Contarles lo vivido en Madrid es parte de otro relato, les confieso que la pasé genial. Vendí prendas en la plaza El Retiro, toqué frente al museo Reina Sofía y frente al Prado con guitarras prestadas, comí jamón serrano y queso curado hasta más no poder -gustos que me llevarían a aumentar un promedio de un kilogramo al día-, una experiencia, culinariamente hablando, inolvidable.

No estaba en los planes ir a París pero Angélica averiguó los precios de varias aerolíneas y Aircomet tenía boletos en oferta hasta París ida y vuelta por tan solo 50€, ¡me pareció genial! Cuadramos todo y diez días después de haber pisado suelo español ya estaba pisando suelo francés, el aeropuerto Charles de Gaulle, específicamente, en París.

Nos quedamos en la Bastilla, cerca de todos los lugares que cualquiera quisiera conocer: el Museo del Louvre, la Torre Eiffel, los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo, entre otros.

El recorrido empezó por el Louvre, luego el Arco del Triunfo, al que nos fuimos caminando recorriendo todos los Campos Elíseos y para finalizar, ya entrada la tarde, la Torre Eiffel.

La cola para subir estaba larga, decidí pagar la visita completa, hasta la cúspide, 12€.

Mientras hacía la cola en mi mente cruzaba una y otra vez una canción de moda de Cristina Aguilera: “MoulinRouge”. Yo, por simples ganas de decir algo en francés, del que no sabía ni papa, empiezo a repetir el coro: -Voulez-vous coucher avec moi, ce soir (oh oh)

Voulez-vous coucher avec moi (yeah yeah yeah yeah)- una y otra vez mientras la cola avanzaba, las chicas derredor me miraban extraño y Sofía, Norma y Angi no aguantaban la risa, ¡Media hora estuve así! Cuando por fin llegamos al ascensor Sofía me dice, casi llorando de la risa:

-Guari, “Voulez-vous coucher avec moi, ce soir (oh oh)

Voulez-vous coucher avec moi (yeah yeah yeah yeah)” significa: “¿Quieres acostarte conmigo esta noche?, ¿Quieres acostarte conmigo?…

-¡Sofía, por qué no me dijiste antes!

¡No, nunca canten una canción en otro idioma sin cerciorarse de su significado!

¡Noooo, qué pena vale, qué pena!

Publicado el 6 Sep, 2017 en www.elsoldemargarita.com.ve

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