MUSICOTERAPIA | El poder de la música

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LETICIA COSTA DELGADO07 may 2016

Diego tenía miedo que le extrajeran un dispositivo por el que le pasaban quimioterapia. Después de estar tiempo internado en el Hospital Pereira Rossell iba a recibir el alta, pero le aterrorizaba que le causaran mucho dolor al sacarle esa pieza. Lloraba y gritaba desconsolado; los médicos no sabían qué hacer.

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Semanas antes había disfrutado mucho cuando la musicoterapeuta Mayra Hugo le propuso hacer música con instrumentos. Mientras ella tocaba la guitarra el pequeño había improvisado ritmos de percusión en la habitación en la que dormía.

Al enterarse de lo que pasaba y la angustia que experimentaba Diego (no es su nombre real pero la historia sí lo es), Hugo se acercó y le propuso tocar nuevamente. “Estuvimos como 15 minutos improvisando. Él tocaba percusión y yo la guitarra; fuimos jugando con eso y cuando terminó me dijo bueno, ahora sí, decile a la enfermera que venga”, rememora Hugo.

“No hubo palabras, no hubo elaboración verbal”, señala la musicoterapeuta. “Ahí no corre decir no te va a doler porque el miedo es un estado subjetivo, pero al trabajar mucho con el ritmo —el ritmo es orden— él pudo calmarse, elaborar lo que le estaba pasando y en dos minutos estaba el tema resuelto”.

Hugo trabaja desde hace 17 años con niños con cáncer y actualmente coordina el voluntariado de la Fundación FPérez Scremini. Allí, una vez por semana, los pacientes participan de un espacio musical en el que escuchan canciones, cantan y tocan instrumentos, algo que los ayuda a procesar emociones y situaciones que surgen en los tratamientos o en la internación.

No es un sitio aislado. En Uruguay hay decenas de profesionales que abordan problemas de salud con música. No lo hacen como terapia alternativa ni como taller de expresión sino aplicando la música al problema de salud que padece la persona, sea niño, adulto mayor, adolescente, mujer embarazada, enfermo de Parkinson o víctima de un cuadro de estrés.

“La forma de ver al otro, planear una intervención y llevar lo que va surgiendo por un lado o por el otro, te lo da el conocimiento teórico. No es sólo divertirlos”, señala Paula Meliante, docente y coordinadora de la Licenciatura en Musicoterapia, carrera que obtuvo el año pasado el reconocimiento oficial del Ministerio de Educación y Cultura.

La carrera es dictada por el Centro de Docencia, Investigación e Información del Aprendizaje (Cediiap), instituto de carácter privado, pero que sus promotores desearían que fuera incluida entre las carreras de la Universidad de la República.

“Lo que ofrece la formación es una base teórica y práctica de cómo la música afecta y nos sirve para intervenir en las personas. Eso no lo tiene alguien que sabe música y estudia Psicología, es una integración que se trabaja en la carrera”, agrega Meliante.

A pesar de que la formación en Cediiap es reciente y solo cuatro personas egresaron (12 cursan la licenciatura y dos trabajan en su monografía) la disciplina no es nueva en el país. Uruguay es uno de los países con mayor experiencia en musicoterapia del continente. La primera generación de profesionales se recibió en 1985, pero con el tiempo la asociación que los nucleaba y los espacios que los formaron desaparecieron por problemas internos o falta de financiación. Sin embargo, muchos de aquellos egresados generaron espacios propios, siguieron capacitándose en el exterior y hoy son referencia de la disciplina. Uno de ellos es Amparo Alonso, quien hoy tiene 73 años y aplica su profesión en Citac, centro que dirige, y en donde integra la musicoterapia con el trabajo del cuerpo. Hoy su propuesta está dirigida especialmente a los adultos mayores.

“Llegan personas con trastornos anímicos, que no están envejeciendo bien, no están conectadas con su autoestima o su sexualidad”, o no se sienten en armonía con su cuerpo, explica Alonso, en la sala del Citac, donde las personas que asisten a sus sesiones aseguran que son “mágicas”. Con mirada bondadosa y décadas de experiencia, Alonso cuenta sobre su trabajo: “Con la música manejo los ánimos, las velocidades, si quiero que se levante, que se aplaque, que se apure, que se enlentezca… La gente llega mal, con dolores, pero viene a una sesión y se calma, se siente bien y se armoniza; se armoniza en serio”. En sus sesiones integra desde temas de Elvis Presley hasta del canto popular uruguayo.

Otro de los espacios que son referencia de la musicoterapia en el país es el Centro Benenzon Uruguay, que debe su nombre a Rolando Benenzon, psiquiatra argentino precursor de la disciplina en el Río de la Plata. Según explica Ana María Acosta, médica a cargo del centro, allí trabajan con sonidos, instrumentos y canciones y no con la palabra hablada. Personas discapacitadas, estresadas y hasta con ataques de pánico reciben atención en el centro.

En lo que todos coinciden es en que la música en sí no cura pero forma parte del ser humano y como tal genera efectos y favorece los procesos curativos.

Publicado en: www.elpais.com.uy

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