La música y el sonido en el bebé dentro del vientre.

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Muchas personas que se han acercado a nosotros, por razones de solicitar más información de las que colocamos en la red, a través de la página Otilca.org,  a cerca de las habilidades sensoriales adquiridas de forma temprana, pues hasta hace poco, para muchos  era  una argumento más filosófica que científica. De hecho, los primeros contactos de la ciencia, en busca de detectar las capacidades auditivas del feto, fueron desarrollados el año 1885, por Preyer, quien se interesó en urgar como la bioquímica de la sangre influía en  la fisiología de la audición, así como las causas del sueño y los rasgos de los estados hipnóticos. Pero es por sus dos trabajos sobre el desarrollo sobre la embriología conductual y sobre el desarrollo temprano de los niños, por lo que se le reconoce en la actualidad. En “Mind of the Child”, Preyer perfeccionó un método de estudio infantil que todavía se está utilizando en la actualidad. De igual manera observó atentamente a su propio hijo, Axel, para trazar el desarrollo durante los tres primeros años de su vida. Describió la risa, la sonrisa, la actividad, la actividad motriz, la autoconciencia y el desarrollo cognitivo del niño, en un lenguaje claro y sencillo.

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Estudios posteriores demostraron que los fetos son capaces de desarrollar habilidades auditivas. Sin ir más lejos, al nacer, reconocen los patrones musicales a los que fueron expuestos durante el embarazo (esto es lo que los científicos llaman, fenómeno de “habituación”). Esto es bastante relevante ya que, da cuenta de la existencia de la memoria de largo plazo, que se extiende desde la etapa pre-natal a la post-natal.

En efecto, los sonidos a los que el feto ha sido expuesto (durante la etapa pre-natal), le sirven como refuerzo; por ejemplo, al momento de alimentarse lo ayudan con la succión y, al momento de dormir, lo reconfortan y lo calman. Por eso es que le gusta tanto escuchar la voz de su mamá (y, por eso, cuando éramos chicos, existía un juguete con sonidos del estómago, los latidos del corazón y otras cosas raras).

Hoy, existe la opción de conectar audífonos a tu iPod o tu reproductor de MP3 y dejar que tu bebé disfrute de la música recomendada por especialistas en el área de terapia musical o musicoterapia, así como la que mas te agrade, siempre y cuando sea canalizada con el volumen, la distancia y el tiempo específico. Pero, para evitar problemas con el volumen, te recomiendo utilizar los audífonos diseñados para fijar el volumen en un máximo que, de acuerdo a investigaciones clínicas, se considera seguro para tu bebé (que es más bajo que los latidos del corazón de la mamá).

Más que seguros estamos, que hoy en día ya se conoce que por medio de la terapia musical se ha descubierto la fórmula para que oigan como nosotros, para que les llegue el sonido de forma eficaz en intensidad y sin distorsiones.

Los fetos responden a la música moviendo la boca y la lengua, como si quisieran hablar o cantar.

Hemos conseguido comunicarnos con el feto, y  logramos que un feto haga un movimiento específico.

Desde la semana dieciséis de embarazo ya existe respuesta a la música emitida a través de movimientos específicos de boca y lengua.

Nuestra experiencia expresa que la música induce una respuesta de movimientos de vocalización ya que activa circuitos cerebrales de estimulación del lenguaje y de la comunicación. Es decir, el aprendizaje empieza en el útero materno.

Con este estudio se puede demostrar, que la única manera de que el feto oiga la música, igual que la escuchamos nosotros, es emitiéndola desde las áreas cercanas a la vagina de la madre. Si emitimos música desde el exterior, el feto no la percibe igual.

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¿QUÉ SE OYE EN EL ÚTERO?

El feto recibe sonidos del interior del cuerpo de su madre tales como los latidos del corazón, la respiración y los movimientos intestinales. También percibe los sonidos procedentes de lo que hace su madre, cuando ésta habla o cuando camina con sus tacones, además de oír ruidos del exterior.

El feto está muy protegido de los ruidos. El hecho de que viva en un ambiente insonorizado hace que los sonidos le lleguen distorsionados, a menos que use terapia con instrumentos que permiten detener los movimientos del liquido amniótico. Según estos trabajos, la mayoría de los sonidos le llegan como susurros (unos 30 decibelios), mientras que la voz materna emitida en conversación en tono normal (60 decibelios) prácticamente no le llega (24 decibelios), al igual que la música con violonchelo y arpa.

Entonces, como pueden ver, estamos en la era de las nuevas perspectivas y avances de la música ante el desarrollo del ser, y ante una nueva especie humana, la de los intelectuales y pequeños Mozart educados y formados desde el vientre de su madre.

César Mendoza web

 César Mendoza

Terapeuta Musical Otilca

 

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