Algunas palabras y expresiones margariteñas

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afuera de la iglesia

 En Margarita cualquier motivo es válido para hacer un sancocho. Todos (o casi todos) los eventos académicos, deportivos y sobre todo sociales terminan indefectiblemente en una sabrosa “sopa e pescao”, gallina, res o en un delicioso “cruzao” de estos últimos. Por supuesto, un buen sancocho debe ir acompañado de una partida de dominó o de truco, “y la botellita e’ ron que no debe de faltar”. Sin embargo, cualquiera que sea la actividad, por muy protocolar que haya sido el ambiente, éste mejora considerablemente al iniciarse el sancocho y entrar en calor.

            Un buen sancocho también es la excusa perfecta para reunir a familiares y amigos en la celebración de fechas importantes y significativas, como los días decembrinos que se aproximan. Obviamente en estas reuniones no hay formalismos ni protocolo, sino que prevalece un ambiente de camaradería y familiaridad, donde afloran muchas palabras y expresiones autóctonas, que nos identifican como hablantes de una determinada comunidad de habla; sin que esto signifique que avale o esté de acuerdo per se con ciertos errores que se comenten en esos actos de habla.

            Este fue el ambiente que compartí recientemente con algunos familiares y amigos en casa de Emma, “mi mai”. Pero como ya “achicamos la pana e’ sancocho”, compartiré con usted una anécdota de ese día: Comenzamos los preparativos pa´l sancocho, y por culpa de una “virazón” tuvimos que pasar de “los palos e’ leña” al rápido y práctico reverbero pa’ aflojar las gallinas. Mientras éstas se aflojaban, “el compai” César López “le echaba unos cachos” a unos amigos “navegaos”, periodistas, que trabajan en “laisla” y nos acompañaban ese día. Por estar “to’os embelesíos” (embelesados) con los cuentos del “compai César”, no nos “apercatamos” de que la “pana e’ presión” estaba “chirriando”, y “la bicharenga” de tanto “chirriar” se secó y explotó; “los trozos e’ gallina” parecían iguanas “encaramaos en los copitos” del roble que nos servía de “enramá”.

La “ñinga” que quedó en la “pana” estaba “esfaratá”; pero lo más gracioso del “coroto” fue que una “primahermana” que estaba “añingotá” en el fondo, al oír la explosión y ver la “trullá e gente” corriendo, también “salió espitá” con los pantalones por la rodilla, y “to’ los garretes encharcaos”, y “se echó una enradá” que “casi se estrambucó”, lo que hizo que “to’ el mundo se esguañangara” de la risa. Mi hermana Enmaris, que estaba cerca de la “pana”, “quedó medio turulata” por la explosión, “to’ítos quedamos empatucaos de cardo”. A todas está, “mi mai se esgalillaba” llamándonos, pensando “que había pasao algo más pior”. Después del susto, mi sobrino, que “estaba empiesnao”, tuvo que “salir en golingoli y refunfuñando” a comprar tres gallinas más “pa’ quedá bien” con los amigos “navegaos”, que ya habían “chismeao” (reporta’o lo sucedi’o) pa’ Guayana, Lara y Zulia. Al final, cuando “ya caía la oscurana”, pudimos terminar el sancocho, cada quien “se mandó su platao e sopa” y “se eslingó pa’ su casa”.

Celis Rodríguez

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