MI LABORATORIO PEDAGÓGICO @profesormarino

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Dando una clase mañanera, se me escapó la siguiente frase: “Hijos,mi laboratorio pedagógico debe comenzar”. La curiosidad de los jóvenes fue evidente, deseaban saber a qué me refería y entonces tuve que expresarme. Me refiero a un lugar que está integrado por estudiantes, que posee una estructura dotada de pizarra, pupitres, escritorio, tizas, etc. También se pueden encontrar en él, multiplicidad de interrogantes, caracteres, experiencias, cualidades humanas y valores humanos. Aunque aclaro,que a veces el aula es el entorno que rodea el hecho educativo y se puede dar hasta debajo de una mata de Guayacán. Además, existe el científico, en este caso el docente, que trata todos los días de guiar la clase con el fin de lograr las metas que se ha propuesto. Pero ¿Por qué llamo al docente un científico? El docente es un científico, por ser un profesional debidamente preparado para estudiar la realidad educativa que lo circunda, sin lamentarse.

George Brassens decía: “La única revolución es intentar mejorar uno mismo esperando que los demás también lo hagan”. Esto es cierto, no se puede concebir un docente que no sea el héroe de sus alumnos, que no esté en constante actitud hacia el mejoramiento profesional, que no planifique, que no sea capaz de evaluar diariamente a su laboratorio pedagógico. Imaginemos un docente que nunca haya elaborado un instrumento de investigación, ni planteado objetivos y metas. Sin duda, estaría destinado a ser más lento en sus respuestas y a errar mucho más. En síntesis, el presente ensayo, que inició con la anécdota de una frase al aire, quiso explicar que las aulas son laboratorios tan sensibles donde la sustancia es el propio corazón de los alumnos, de allí la enorme responsabilidad de llamarse Maestro. Creo propicio terminar, con la siguiente frase de Charles Dickens:“El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico”.

Ángel Marino Ramírez

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