Christian Vásquez | “Creo que Venezuela debe funcionar como una orquesta”

Christian Vásquez

“Nací en Caracas pero soy de San Sebastián de los Reyes. Mí mamá fue papá y mamá a la vez. Mi padre ayudaba pero no estaba. Ella hizo de todo para que nada nos faltara. Vendía chucherías, refrescos, helados a crédito. Organizaba “sanes ” (suerte de rifas). Y no olvido los fines de semana, cuando salíamos a cobrar casa por casa. Por eso nunca me faltó nada, pero tampoco me sobró”. 

-¿Te imaginaste alguna vez que desde San Sebastián de Los Reyes recalarías en dos gélidos países nórdicos como Suecia y Noruega? 

-Si te soy sincero, no. Comencé en la música por iniciativa propia. En el pueblo, que tiene dos calles (una sube, la otra baja), la Orquesta ensayaba en una casa colonial y cuando pasabas por el frente escuchabas y veías a los músicos. Eran pocos, algunos tocaban instrumentos de cuerda, otros una flauta, una trompeta y ya. Una tarde, yo pasaba por allí con mis padres y al escuchar el ensayo me quedé extasiado, agarrado a la ventana. Tenía ocho años de edad y ahí lo supe todo: “Quiero tocar un instrumento”, le dije a mi papá. Dos días después me hicieron un examen melódico y otro rítmico. Luego me pusieron a cantar “Los pollitos” y el Himno Nacional. Al final la profesora de canto le dijo a mi papá que tenía buen oído y me aceptaban. Cuando me preguntó qué instrumento quería tocar no dudé: “el violín”.

-¿Cuándo dirigiste por primera vez? 

-A los 14 años, en unas fiestas patronales. Íbamos a tocar en la iglesia, yo era elconcertino (primer violín), el director me preguntó si quería dirigir el Himno Nacional y yo le respondí: “¿Por qué no?” Me monté en el podio, dirigí mi himno y me sentí grande. A partir de ese momento empecé a dirigir orquestas infantiles.

-Hasta que llegó el momento de venirse a Caracas. 

-A los 17 años me inscribí en el Instituto Universitario de Estudios Musicales y también audicioné para tocar violín en la Sinfónica Simón Bolívar. Pero no me desligué del pueblo y cuando tenía un par de días libres me iba para allá a dar clases y a dirigir algún concierto. El punto de inflexión se produjo el 24 de marzo del 2006, cuando la orquesta de San Sebastián toca, por primera vez, en la Sala José Félix Ribas del Teresa Carreño. Allí estaba el maestro Abreu. Yo dirigí la segunda parte del concierto y al final el maestro se presentó en el camerino y luego de felicitarme me dijo: “Llámame el lunes para comenzar clases de dirección orquestal”. Ese mismo año me nombró Director Titular de la Sinfónica Juvenil José Félix Ribas de Aragua. Al principio combinaba ambas funciones. Tocaba el violín en Caracas y dirigía en Aragua, hasta que fui dejando el violín y la actividad con la Simón Bolívar.

-¿Cuándo se produce el salto a la internacionalización? 

-Mi debut grande, en Caracas, con la Simón Bolívar, fue el tres de abril del 2008. El reto me lo planteó el maestro Abreu con la Sinfonía Número Dos, “La Resurrección”, de Gustav Mahler. Una sinfonía con cinco movimientos que dura hora y media, con coros, dos solistas y una orquestación gigantesca. En esa oportunidad había 220 músicos y 600 personas en el coro. El video del concierto lo observaron en Inglaterra y llegaron ofertas del exterior. Mi primer concierto internacional fue en París (con la Orquesta de Radio Francia). En esa oportunidad fungí como asistente de Gustavo Dudamel. El tenía un concierto en Santa Cecilia ( Roma), no podía llegar a tiempo a París para el primer ensayo y me pidió que lo sustituyera. Luego asistió al segundo ensayo y dirigió el concierto. Pero a mí me pidieron dirigir un family concert con la suite del Pájaro de Fuego de Igor Stravinsky.

-¿Qué diferencias hay entre los músicos de aquí y los de allí y entre las audiencias de allá y de aquí? 

-Allá los músicos son mayores y han tocado con grandes directores del mundo. Aquí todos los músicos somos jóvenes.

-¿Cómo se manifiesta esa brecha generacional? 

-En la energía. Cuando diriges una orquesta (una juvenil o la Bolívar) de inmediato te sacude una fuerza incontenible.

-El temperamento. 

-Así es.Te envuelve una ola. Allí tocan muy bien, con toda corrección, pero no terminan de dar el alma. Y ahí entramos los jóvenes directores a interpretar esa emoción.

-Esa forma de dirigir, ¿es la huella del maestro Abreu o ustedes son diferentes? 

-Sus alumnos le debemos la técnica, pero cuando comienzas a dirigir y dirigir, vas encontrando tu propio estilo. Ahora, esa ganas, esa energía y esa pasión se la debemos al maestro. Yo lo conocí en 1998, cuando tocaba en La Nacional Infantil de Venezuela y él ensayaba con nosotros todos los días, desde la mañana hasta la noche.

-Uno pensaba que el éxito de las orquestas del Sistema en el mundo consistía en una música venezolana que sacude a las audiencias europeas. Pero por tus afirmaciones entiendo que hay una manera diferente de comprender e interpretar la música.

-Nosotros no vemos la música como un trabajo, sino como parte de nuestro estilo de vida. Tú observas en las orquestas de afuera a músicos que se limitan a cumplir con su parte, marcan tarjeta y se van . Nosotros le decimos a los nuestros que respondan a su naturaleza, que se muevan, bailen o lloren si quieren. Que no se cohiban. 

-¿No crees que el gobierno utiliza el Sistema para mostrarle al mundo que Venezuela es como sus orquestas, armónicas y afinadas, cuando en realidad eso no es así? 

-El Sistema va en cumplir en febrero 40 años y ha funcionado con todos los gobiernos a lo largo de ese tiempo. El gobierno nos ha apoyado siempre. Creo que Venezuela debe funcionar como una orquesta. Nosotros provenimos de diferentes estratos sociales. Hay gente que llega desde la clase media, otra que sale de la pobreza, de los barrios.

-Esas diferencias, ¿no impiden la comunicación? 

-No porque todos tenemos la misma meta. Que la Orquesta, con el esfuerzo de todos, suene bien, haga justicia al compositor y se transmita de la mejor manera al público. Así debe funcionar el país A nuestros conciertos vienen gente de la oposición y del oficialismo y nadie está pendiente de la filiación política. Ni la de los músicos ni la de la audiencia.

-¿No invade la política al Sistema de Orquestas? 

-Para nada. Este es un proyecto social y nuestra misión es ayudarnos unos a otros.

-¿No hay lucha de clases? 

-Nada de eso. Todos somos iguales. Yo tengo una hermanita de 15 años que toca el cello en San Sebastián. Ella me dijo que le daba clases a los nuevos y cuando le pregunté, con asombro, qué les enseñaba, me respondió: “les enseño lo que sé”. Es una cadena. Siempre hay alguien dispuesto a ayudarte.

-En el caso de los directores, ¿no es importante conocer la historia de la música, las corrientes y el contexto social y político en el cual se enmarca? 

-Claro. No se trata solo de dirigir y tocar. Es importante saber por qué el compositor escribió determinada obra y en qué condiciones vivía. Los grandes compositores, como todo ser humano, tenían su grandeza y sus miserias. Eso hay que manejarlo a la hora de dirigir una orquesta y buscar el tono más adecuado.

-Esa ubicación que deben tener los directores, ¿de qué manera influye en el desarrollo de la música clásica? ¿Es posible mejorarla, perfeccionarla, modificarla o por su característica de clásica es estática en cuanto a su interpretación? 

-La música es infinita. Hay muchos directores que tienen su propia manera de interpretar a Mozart, Haydn y Bach, según sus épocas. Pero no hay manera de demostrarlo…

-No hay grabaciones. 

-Exacto. Creo que si Mozart estuviera vivo le gustaría que sus sinfonías se tocaran con orquestas grandes y no con las pequeñas de su época. Eso es posible aunque lo difícil es lograr que esa masa de músicos toque dentro del estilo.

-¿Resulta una desmesura pensar que el Sistema ha hecho un aporte a la transformación de la música clásica o está repitiendo, muy bien, lo que siempre se ha hecho? 

-Nosotros le estamos dando nuestro toque particular. Por esos grandes orquestas y directores quieren venir a Venezuela. No pueden creer que una orquesta de niños de 7 a 11 años de edad toquen, con un nivel altísimo, una sinfonía de Mahler. Nosotros estamos rescatando la pasión por la música clásica. En Europa la mayor parte del público corresponde a personas adultas. Ves muy pocos jóvenes. Eso quiere decir que a la vuelta de unos años las salas se quedarán vacías. Aquí, en Venezuela, los conciertos están llenos de juventud. Y además, son gratis.

Realizado por ROBERTO GIUSTI PARA EL UNIVERSAL

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