¡…Aquí, como plato pa’ fondo!

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como plato pa fondo 2

Indudablemente, la lengua, en especial la oralidad, es uno de los principales instrumentos para expresar nuestras ideas y sentimientos. No significa esto que menosprecie las demás formas de comunicación; sino que la oralidad, sobre todo la que se da en conversaciones cara a cara, pre­senta una serie de características que la hacen mucho más expresiva y significativa. Entre éstas tenemos: El tiempo y las circunstancias, cuando conversamos con alguien lo hacemos en un momento determinado y de un tema específico; la espontaneidad, el hecho de estar cara a cara permite utilizar mayores recursos expresivos tales como los gestos y otros movimientos corporales; la autocorrección, los hablantes pueden corregir o volver sobre sus enuncia­dos sin ninguna dificultad; y, finalmente, en las con­versaciones cara a cara los interlocutores pueden uti­lizar expresiones populares que en las mayoría de los casos son de dominio de una comunidad específica de habla, y de no ser así pueden ser aclaradas al instante. Obviamente, es difícil contar con estas características en la escritura.

Para ilustrar un poco, le comentaré lo que ocurrió en una conversación que presencié entre amigos, donde me llamó la atención la cantidad de expresiones populares que ahí afloró. Lo primero fue el saludo inicial, uno de los presentes pre­guntó a otro: _Primo, ¿cómo está la vaina? Y éste respon­dió: ¡Aquí, como plato pa’ fondo, primo! Arriándola pa’que no se quede atrás. Estas expresiones equiva­len a “aquí, más o menos”, las cuales regularmente van acompañadas de un movimiento que se hace colocando la mano de canto, y moviéndola de un lado a otro; algo parecido también al movimiento que hace un plato llano cuando se hunde en el agua. Uno de los parti­cipantes quiso introducir la política en la conversación, y el otro lo atajó dicién­dole: _ ¡Deje a los políticos tranquilos compai, ellos (es)tán bien! “Jodíos” (es)tamos nosotros que “tenemos el mapire alto”, y debemos “salir to’ los días a matar el diablo a sombrerazo” pa’ medio comer.

Pero éstas no son las únicas expresiones; es común, ver­bigracia, oír “esa muchacha to’ el tiempo anda con una pelación grandísima”. Esto para referirse a que siem­pre se está riendo, o “con los dientes pela’os”. Del mismo modo, si un niño es muy apegado a su madre o a cualquier otro familiar, o está “malcriao”, se dice que “ese muchacho (es)tá ‘endengaíto’ pues”. Y si a usted le comunican algo que no reviste gran importancia o de lo que no se benefi­ciará directamente como, por ejemplo, que habrá una concentración política, su respuesta seguramente será: _ ¡A ver como no!

Por supuesto, todas estas expresiones y tantas otras requieren un contexto y unos interlocutores deter­minados. Estos últimos no sólo deberán poseer una amplia competencia lin­güística; es decir, manejar correctamente el código o lengua, sino que es fun­damental que posean un conocimiento contextual y pragmático para garantizar la efectividad y eficacia de la comunicación.

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